Swallow es la ópera prima -en solitario- del director Carlo Mirabella-Davis y una de las cintas más incómodas que he visto en los últimos años. Protagoniza una espléndida Haley Bennett -para mí un descubrimiento- como Hunter, una ‘perfecta’ ama de casa, joven, guapa y eficiente, casada con un ambicioso ejecutivo (Austin Stowell). La película juega con la idea del éxito y la perfección. Dos conceptos que se apoyan en las apariencias antes que en una verdadera felicidad. Hunter tiene un marido joven y exitoso, una casa espléndida, seguridad económica y el futuro garantizado. Acaba de quedarse embarazada ¿Qué puede salir mal?

La presión psicológica de esa ‘perfección’ sobre Hunter la lleva a desarrollar una conducta compulsiva que hace pensar en el Cronenberg más sádico. La primera parte de la película, de hecho, está realizada de una forma fría, quirúrgica y despiadada, con  una estética muy cuidada de planos simétricos que colocan a Hunter como rompiendo la armonía de las líneas perfectas de su casa de diseño.

Hay que destacar el papel de los suegros de la protagonista, estupendamente interpretados por David Rasche -siempre fantástico- y Elizabeth Marvel, dos ‘monstruos’ encerrados dentro de una sofocante corrección política, que parecen salidos de La semilla del diablo (1968). Todos estos elementos nos llevan a anticipar un final concreto, pero la historia da un giro, que lleva a Hunter por derroteros diferentes a lo esperado, en busca de su pasado y de una forma de escapar de su jaula de oro para encontrarse a sí misma. Swallow es un estupendo film estrenado directamente en Movistar Plus.