Sus hijos

A su imagen y semejanza
No tiene nada de convencional la primera película en inglés del director argentino Pablo Trapero, Sus hijos (2026), cuyo principal atractivo es contar con un reparto de lujo. Encabeza el elenco el siempre excelente Bill Nighy, que aquí se entrega completamente, de una manera muy física, a un personaje conflictivo, siempre al borde del colapso, Andrew Dyer, un escritor famoso y exitoso en el ocaso de su carrera -y de su vida-, que se ha aislado del mundo y que vive atormentado por la culpa de sus errores del pasado. Y esas cuentas pendientes tienen que ver con su exmujer, Isabel (Imelda Stauton), y sus tres hijos, Richard (Johnny Flynn), Jamie (George MacKay), y el único que sigue viviendo con él, Andy (Noah Jupe) -y aparece también un nieto (Arthur Conti) al que ni siquiera conoce-. Sumemos al reparto al siempre divertido Dominic West y a Anna Geislerová, que da vida a la misteriosa Gerde, que acaba siendo el personaje más juguetón del conjunto, y tenemos un elenco más que solvente.
Estamos ante un drama familiar en el que la figura paterna representa a una especie de dios inalcanzable que ha provocado traumas en todos los que le rodean, obligados a vivir bajo su sombra y nunca a la altura de sus éxitos. El reencuentro del padre con sus hijos, a los que llevaba años sin ver, hace estallar conflictos que permanecían enterrados pero latentes. Trapero firma el guión junto a la directora y actriz Sarah Polley, adaptando una novela de David Gilbert –El extravagante señor Dyer (2013)-, y su puesta en imágenes del argumento es deslumbrante. La cámara, inmersiva, flota siguiendo a los personajes, imprimiendo realismo, pero también cierta atmósfera decadente al mundo que habita esta peculiar familia con sabor a J.D. Sallinger o a las películas de Wes Anderson.
También es necesario decir que, hacia la mitad del metraje, el argumento introduce un giro tan inverosímil, tan de ciencia ficción, como interesante. Una revelación que marca el resto de la historia -a los propios personajes les cuesta asimilarla- pero que juega a favor de los temas de fondo de la película: la paternidad irresponsable, la idea de que la genialidad artística no mezcla bien con la vida familiar -asunto muy actual gracias a Valor sentimental (2025) y El ser querido (2026)- la masculinidad tóxica, o la tentación de un padre que intenta que su hijo viva su vida, pero sin repetir sus errores, para redimirle de sus fracasos.
Si bien Sus hijos deja con la sensación de que su historia daba para algo más -incluso para una serie televisiva-, la fantástica interpretación de Nighy -y de Imelda Stauton– y el elegante trabajo de planificación y encuadre de Trapero y su director de fotografía –Diego Dussuel– elevan el conjunto que acaba siendo sobresaliente.