Ahora que son un monstruo gigante de varias cabezas que agiganta cualquier pequeña idea que se ponga en sus manos, pero conviene recordar que lo primero que muchos escuchamos de Arcade Fire fue un disco de factura artesana y alto grado emotivo titulado “Funeral(2004) precisamente por la alta incidencia de fallecimientos en el núcleo familiar de la banda durante el proceso de creación y grabación de ese debut en larga duración.

De forma similar, este cuarteto multinacional (una británica, un alemán, una finlandesa y un menorquí) afincado en Barcelona se ha tomado su tiempo para dar forma con mimo a un trabajo en el que quisieron dar su propia visión sobre la pérdida y la muerte, desde una perspectiva espiritual y en comunión con la naturaleza (el disco fue grabado en una masía alejada de la urbe, y muchos de esos sonidos rurales se cuelan entre canción y canción).

Un macabro capricho quiso que uno de los componentes del grupo tuviera que ser hospitalizado poco antes de que este “Noble Nature fuera finalmente editado, para susto de todos los allegados (parece que ya pasó lo peor), lo cual confirió al contenido y a la temática elegida de un extra emocional con el que nadie hubiese deseado contar pero que inevitablemente ha acabado dando forma a una de esas pequeñas mitologías que amplifican la huella que nos deja un trabajo artístico.

Incluso sin esas circunstancias, el casi debut de Süma (hay un trabajo anterior de 2009, pero ha pasado tanto tiempo y el salto de calidad es tal, que no sé si contabilizarlo) es una obra que nos agarra las entrañas y no nos suelta hasta que se apaga la última de sus diez canciones. Su folk experimental (o post-folk, si nos ponemos con etiquetitas) nunca reniega de la belleza, pero siempre de la mano de la intensidad, en una combinación de elementos que pueden recordar al lado más delicado de unos Low, por ejemplo.

Podremos atribuir mucho mérito a Frank Rudow, cuyas credenciales con bandas como Manta Ray o Viva Las Vegas le otorgan nuestro beneplácito por anticipado, pero lo que llega a nuestros oídos es el sonido de una banda muy bien ensamblada -con ritmos minimalistas, unas líneas de bajo seductoras y la voz sentida de Laura Clark– que crea los ambientes necesarios, a veces apoyados en unos delicados arreglos de cuerda, para hacer que sus estructuras repetitivas vayan evolucionando de manera hipnótica, hasta conformar algo realmente especial.