Sufjan Stevens, ‘The Ascension’ (Asthmatic Kitty, 2020)

Sufjan Stevens regresa más sintético que nunca en ‘The Ascension’

Sufjan Stevens ha vivido un cambio importante en su vida en el último año. El músico de Detroit ha dejado el piso y el estudio que tenía desde hace más de diez años en Brooklyn, y se ha mudado a una casa en las montañas de Catskills, al norte del estado de Nueva York. Algo que ha hecho que se tomara su tiempo a la hora de componer y grabar estas canciones. Unas canciones que ha terminado creando en su nueva casa y en el pequeño estudio que se ha montado allí. Lo que no sabemos es si, el hecho de que sea un trabajo totalmente electrónico, ha sido por las nuevas circunstancias, o porque ya lo tenía planeado así. El caso es que el resultado final es todo un acierto. 

The Ascension’ es un trabajo largo, en el que las canciones van sin prisas, y en el que Stevens reflexiona sobre muchas de las cosas que le rodean -él mismo ha confesado que su única intención era cuestionar el mundo en el que vivimos-. Y es que, lo de irse a vivir al campo, le ha cambiado un poco su forma de ver la vida. Por ejemplo, arremete contra la necesidad de tener la aprobación de una persona desconocida en las redes sociales. Y para ello se saca de la manga “Video Game”, un delicioso tema de synth-pop con el que abre un nuevo camino en su música. Y ojo, porque lo de “I Don’t Wanna Be Your Personal Jesus”, sí es una referencia al clásico de Depeche Mode.

Gran parte de este trabajo está protagonizado por una electrónica pausada y lisérgica. Y, con ella, Stevens consigue absolutas bellezas. Es el caso de esa oda al amor llamada “Run Away With Me”, de la épica y suplicante “Tell Me You Love Me”, o de la algo más efusiva “Landslide”. Además de ese par de joyas que son “Sugar” y “America”, las cuales han servido como adelanto.

No todo es electrónica reposada en este álbum. Sufjan Stevens sorprende con algunos arrebatos casi industriales en algunos temas. Ahí está la potente parte final de “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, el tema que lo abre. O como juega con sonidos más propios de la PC Music en cortes como “Lamentations” y “Ativan”. Además, con mucho acierto. 

Sufjan Stevens ha confesado en más de una entrevista que la producción del ‘Rhythm Nation’ de Janet Jackson ha sido una gran influencia a la hora de dar un sonido a estas canciones. Y lo cierto es que hay momentos en los que resulta muy evidente. Es el caso del final de “Die Happy”, o de ese tremendo dúo formado por “Death Star” y “Goodbye To All That”. Tres canciones en las que Stevens se deja llevar por ese sonido tan metálico que tenía el disco de Jackson. Y bueno, para los que buscan al Sufjan Stevens más intimista, nos deja el tema que da título al álbum, el cual entra dentro de la faceta más angelical del músico norteamericano. 

Reseña Panorama
Puntuación