8.3
Score

Final Verdict

Aunque su base es el folk, ‘Javelin’ es un trabajo que deja ver muchas otras facetas de Sufjan Stevens. Un disco en el que cada canción vira hacia un sonido distinto sin necesidad de salir de su zona de confort. Y funciona a la perfección.

Sufjan Stevens lleva unos cuantos años de lo más ocupado. El artista norteamericano nos ha dejado varios proyectos personales, como sus discos de meditación, pero también alguno colaborativo, como el notableA Beginner’s Mind’, donde compartía una colección de canciones junto a Angelo De Augustine. Así que se podría decir que casi no hemos tenido tiempo de echarle de menos. Ahora llega ‘Javelin’, el que es su primer disco oficial desde el electrónicoThe Ascension’ de 2020. Y hay que decir que, por las circunstancias que lo rodean, puede que sea un punto de inflexión de su carrera. Porque, mientras escribimos esto, Sufjan Stevens se encuentra en una clínica de rehabilitación para recuperarse de los síntomas del Síndrome de Guillain-Barré, un raro trastorno autoinmune que te hace perder sensibilidad y movilidad en manos, brazos y piernas. Lo que, evidentemente, supondrá un largo parón en su carrera.

Las canciones de ‘Javelin’ cobraron un nuevo sentido el pasado viernes, cuando Sufjan Stevens compartió una publicación en sus redes sociales en la que comentaba que es un disco dedicado a Evans Richardson, su último novio, que falleció el pasado mes de abril. Y cobran un nuevo sentido porque estamos hablando de un trabajo en el que el amor es uno de los grandes protagonistas. Aunque, en muchos casos, sea la falta de ese amor la que protagoniza la canción. Como en la preciosa “Will Anybody Ever Love Me?”, que representa el deseo de ser amado entre sonidos folk y coros angelicales. O ese amor que se termina y se convierte en un mar de reproches. Y de eso da buena cuenta en “So You Are Tired”, otro de los grandes momentos del álbum.

Estamos ante un trabajo en el que Sufjan Stevens ha tocado prácticamente todos los instrumentos. Salvo por la guitarra de Bryce Dessner de The National, la cual aparece en una canción, y los coros, el resto es suyo. Quizá, por eso, es como un repaso a buena parte de los sonidos que han marcado su carrera. Porque, aunque la base sea el folk, aquí están presentes las cajas de ritmos y la electrónica, la épica orquestal que tantos buenos resultados le ha dado en el pasado, y hasta algo de su faceta más ambiental. De hecho, la gran mayoría de sus canciones, empiezan de forma delicada y acústica, pero terminan estallando en otra cosa diferente. Lo que también hace que sea un trabajo muy pop y ameno.

Sufjan Stevens tiene la hoja de ruta muy clara. “Goodbye Evergreen” empieza con un delicado piano, pero no tarda ni un minuto en convertirse en un extraño tema lleno de teclados y coros que rebosan épica. Y así sigue, porque temas como “A Running Start” o “My Red Little Fox” se regodean en esta fusión de coros y teclados épicos. Tanto, que incluso podrían entrar algunos de sus discos navideños. Pero, dentro de que se podría decir que, casi todas las canciones tienen la misma estructura -empiezan folk, pero acaban en otra cosa-, también hay variedad. Solo hay que escuchar la psicodelia final de “Everything That Rises”. O esa extensa “Shit Talk”, que es como varias canciones en una. Además, para cerrar, se olvida de las sorpresas y deja que el folk sea el único protagonista en su versión del “There’s a World” de Neil Young.