El domingo más domingo del año, fue el día para escuchar a Valley Maker y Steve Gunn en la sala Sidecar dentro del ciclo Vida on the Road y no podía ser más domingo, un chapuzón cae medía hora antes de empezar el concierto y es inevitable no acordarse del que nos cayó este año en el festival, pero las penas con alegría son menos penas y unos cuantos ya hacíamos cola en la puerta del local.

Se abren las puertas y no somos muchos los que empezamos a entrar en la sala, unos cuantos, directos a primera fila mientras otros se acercan al abrevadero. Media hora escasa tenemos que esperar para que aparezca Valley Maker en el escenario con el único escudo de su guitarra acústica, nos da las gracias y comienza. 

Su sonido y su actitud en el escenario desde el principio es íntima, parece que toca para un grupo de amigos, el público guarda un respetuoso silencio y es que todo lo que rodea al Vida tiene ese sello, en el fondo y en las formas y el público hace gala de ese estilo. Con Beautiful Birds Flying nos mete de lleno en ese mundo místico y lleno de simbología que es su último disco, con el único sonido de su guitarra, da la sensación de estar viendo uno tras otro sus temas como ondas en un lago.

Para para afinar la guitarra y el público guarda un solemne silencio y lo agradece mucho “los músicos agradecemos que se guarde silencio” nos dice y sonríe. Antes de tocar Baby, In Your Kingdom nos cuenta cómo su mujer le regaló una guitarra y se puso a tocar para ella y nos recuerda lo bonito que es que alguien te haga ese tipo de regalos, todo el concierto es así, crea vínculo con el público y nos vuelve a dar las gracias por estar este último domingo de vacaciones tan tarde allí para escucharlo, “mañana tenéis que ir a trabajar, gracias por venir”.

Se despidió deseándonos que disfrutemos del concierto de Steve Gunn, desprende unas formas amables y amistosas que ha reflejado en su música durante todo el concierto.Para la espera, en la sala nos ponen temas de Neil Young y es que todos los que estamos allí venimos de esa música conscientes o no.

Aparece la banda en el escenario y Steve bebe un poco de vino blanco mientras repasa que todos los pedales y amplis estén correctamente, se pelea un rato con el pie del micro hasta dejarlo como estaba al principio.

Arranca con la acústica, con una larga intro, sienta las bases, nos mete a todos dentro de su sonido, cuando toca, mira por encima del público como si no quisiera vernos, concentrándose en lo que está contando.Para tocar New Moon, se coloca el soporte de la armónica y la sensación es de estar en otro sitio, la sala se hace mas grande y incluso el aire parece volverse más fresco, la calidad es suprema, todo está engrasado, la batería no se limita a acompañar, añade en cada toque un espacio nuevo. 

Un escueto “Thank you” entre temas, es la conversación que tiene con el público y los temas no son cortos, todos los desarrolla con improvisaciones o bien de la batería o bien la la guitarra que juega con las distorsiones y con fantásticos intercambios entre el y el guitarra que le acompaña, como en Vagabond que en los solos no deja de recordarnos a los sonidos de Nels Cline.

Solo para presentar la canción dedicada a su padre gasta un poco de tiempo en explicar al público el porqué del tema. Con Stonehurst Cowboy termina de emocionar al público y de introducirlo completamente en su universo de sonidos.

Muchos lo hemos conocido como el guitarrista de Kurt Vile, pero después de escucharlo en directo, se ha ganado su sitio por méritos propios, sólo nos cabe esperar que podamos verlo en el próximo Vida, cerca de un bosque que es donde su música la podremos saborear completamente.