Deja de lado tus expectativas, tus fobias, las decepciones pasadas, y prepárate para disfrutar de la que puede ser la mejor película de Star Wars de la trilogía de Rey. Me gusta mucho lo que ha hecho J.J. Abrams, que me parece un tipo inteligente y sensible, que aquí ha salido airoso de una misión imposible.

Se puede decir que el mayor defecto de El despertar de la Fuerza es parecerse demasiado a Una nueva esperanza. Se puede decir que la estupenda Los últimos Jedi se apartaba demasiado de lo esperado. Y ahora tengo que decir que El ascenso de Skywalker consigue el equilibrio perfecto entre los dos extremos. En cierto sentido, Abrams retoma a los personajes donde los dejó en el inicio de la trilogía, pero no renuncia a los hallazgos de Rian Johnson, sobre todo los estéticos, y consigue que este noveno episodio sea coherente con los dos anteriores. Y si Los últimos Jedi recreaba El Imperio contraataca con más fidelidad de la que se ha querido admitir, aquí Abrams reconstruye El retorno del Jedi paso a paso: alguien será tentado por el lado oscuro, alguien será redimido, alguien descubrirá su origen y ya sabéis que vuelve el Emperador Palpatine, un tenebroso y divertido Ian McDiarmid

El ascenso de Skywalker es fantasía pura, imaginación y una película a la que puedes llevar a tus hijos. Abrams enmienda sus errores y aunque el ritmo narrativo es tremendo, se detiene un poco para desarrollar las escenas, que ya no parecen atropelladas. Abusa sin duda de los giros, las apariciones y las sorpresas, pero eso es la space opera ¿No? Hay un elemento arqueológico en esta película -muy presente en la mayoría de las resurrecciones de franquicias que hemos visto últimamente- y aquí Rey encuentra los restos de la trilogía clásica, literalmente. Pero Abrams consigue, de alguna forma, restituir también la emoción de aquellas películas de los años 70 y 80: el entusiasmo juvenil, la sensación de aventura y la camaradería. La gran decepción, para mí, de esta trilogía es que, en lugar de continuar las aventuras de los personajes originales -los actores son demasiado mayores- se decidió buscar nuevos héroes, Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega), Poe Dameron (Oscar Isaac) y Kylo Ren (Adam Driver), que repetían las dinámicas de Luke (Mark Hammill), Leia (Carrie Fisher), Han Solo (Harrison Ford) y Darth Vader (James Earl Jones), pero ¿Para qué? A El despertar de la Fuerza le faltaba intención. En Los últimos Jedi, sí aparecía un tema: Rian Johnson proponía eliminar los vínculos con el pasado -Rey no es hija de nadie- y democratizar la Fuerza -el niño barrendero del final, sueña con la rebelión-. Ahora, Abrams da la gran sorpresa, asume el mensaje de Johnson, pero dota también a sus personajes de un nuevo cometido, que los hace, por primera vez, sólidos e interesantes (una pena, porque ahora que los despedimos, es cuando más deseo verlos).

Lo que dota de vida la película es que Abrams le dice a esta nueva generación que no tiene la culpa de los pecados de sus padres, que no deben pagar los platos rotos de Donald Trump o del desastre del cambio climático, porque si se unen son capaces de cambiar el mundo y de decidir quiénes quieren ser para un nuevo comienzo. Ya no veremos más a Luke, Han y Leia abrazarse con cariño tras superar grandes peligros, pero quizás podamos disfrutar nuevas aventuras de nuevos personajes en otras galaxias igual de lejanas, hace mucho tiempo.