8.0
Score

Final Verdict

St. Vincent cambia de tercio en ‘Daddy’s Home’ y nos entrega un trabajo centrado en la música que se escuchaba en Nueva York en los primeros setenta. Una transformación que le funciona de maravilla, porque estamos ante otro gran álbum de la artista norteamericana. Y ya van unos cuantos.

Una cosa no se le puede reprochar a St. Vincent, y es que, se meta en el estilo musical en el que se meta, todo le queda bien. Su carrera es una sucesión de transformaciones, en la que hay etapas más rock, y otras más electrónicas, pero nunca se queda anclada en ninguna de ellas. Ahora da un paso más allá, y publica un trabajo absolutamente retro, inspirado en lo que se escuchaba en Nueva York en la primera mitad de los setenta. Algo que no esperaba nadie después del electro-pop que inundaba su anterior trabajo. Pero ya sabemos que Annie Clark es imprevisible. 

Buena parte de la culpa de este cambio la tiene su padre, que en 2019 salió de cárcel tras cumplir más de una década de condena por una millonaria operación de manipulación de acciones. Algo que a la propia St. Vincent le ha llevado al pasado, y a esa década de los setenta. De ahí ese ‘Daddy’s Home’ del título. ¿Pero qué setentas son los que nos encontramos aquí? Hay que tener en cuenta en la época que ha elegido, la música disco no se había popularizado todavía, y que era el rock el que ocupaba gran parte de lo que se escuchaba aquellos años. Pero todavía quedaban coletazos de la psicodelia de los setenta, y el funk y el soul ya se habían hecho un hueco. Y todo eso es lo que contiene el sexto álbum de la artista de Tulsa. 

Estando ella misma en la producción junto a Jack Antonoff, el tema de que las canciones suenen casi perfectas está resuelto. Así, con parte del trabajo medio hecho, va soltando una buena ristra de canciones, que, si bien no es muy original, sí que es muy funcional. Porque se le da de maravilla meterse en un funk de lo más sintético en “Pay Your Way In Pain” y “Down”; logra que el soft-rock algo psicotrópico de “Down And Out Downtown” resulte de lo más atrayente, y que canciones con un sonido tan retro como “Daddy’s Home” y “The Laughing Man” no se conviertan en un plomo. 

Hay cuantas canciones que, quizá, sobresalen un poco más que el resto. La primera es “Live In The Dream”, todo un baladón de más de seis minutos, en el que deja muy claro que Pink Floyd han sido una de las influencias de este trabajo. Luego tenemos ese precioso white soulque nos deja en “The Melting Of The Sun” y en la estupenda “My Baby Wants A Baby” -ojo, que no sabemos si es un homenaje o que el subconsciente le ha traicionado, pero tienen una parte exactamente igual que el “9 to 5” de Sheena Easton-. Y por último tenemos “Somebody Like Me”, en la que se pone algo más ensoñadora, y se deja llevar por la influencia confesada de Harry Nilsson