8.0
Score

Final Verdict

Squid entran de lleno entre lo mejor del rock actual con su álbum de debut, un disco en el que fusionan con bastante talento estilos estilos como el post-punk, el krautrock o el dance-punk.

Squid se han convertido en uno de los grupos más importantes de esa nueva escena rock que está invadiendo Reino Unido. Junto con black midiBlack Country, New Road, o Dry Cleaning, están dando un nuevo aire a la música de guitarras británica, la cual no está dejando alguno de los mejores discos de los últimos meses. Porque, al igual que sus compañeros de escena, estos chicos de Brighton no se van a la parte fácil del asunto, y ‘Bright Green Field’, el que es su álbum de debut, también es toda una fusión de estilos de lo más vibrante. 

Post-punk, art-rock, dance-punk… Squid tienen las cosas claras en cuanto a la base principal de sus canciones, pero la aderezan con ingredientes cercanos al jazz, o al kraut. Una mezcla que resulta explosiva en la mayor parte del álbum. Es el caso de un tema como “Narrator”, que empieza como algo cercano a la faceta más rock de LCD Soundsystem -hay un momento en el que parece que se van a poner a cantar eso de “Daft Punk is playing at my house”-, y termina con una catarsis guitarrera de lo más bestia. Algo a lo que contribuye la voz de Martha Skye Murphy y su desgarrador grito final. O la acelerada “Paddling”, en la que, dentro de un mar de guitarras, nos dejan el estribillo más melódico y accesible de todo el disco. 

Sí es cierto que se les nota bastante sus influencias, pero lo bueno es que le ponen parte de su personalidad y terminan haciendo algo propio de ellas. Ahí está “Boy Racers”, con ese toque tan Talking Heads que tiene la primera parte, pero que cambia radicalmente a algo más arty y experimental en la segunda. O esa brutalidad bailable llamada “Peel St.”, donde fusionan el dance-punk con la faceta más arty y ruidosa de Sonic Youth. Y, por si esto fuera poco, en “2010” dejan claro que los Radiohead de los primeros dos mil también son una influencia para ellos. En parte, por el toque jazzy que le da el saxo a unos cuantos cortes del álbum, que también cuentan con una parte menos agresiva que en muestran en “Documentary Filmmaker” y “Global Groove”. Eso sí, para el final prefieren desfogarse y entregar los ocho minutos de “Pamphlets”, donde el krautrock se acelera y se adentra en terrenos más propios del noise.