Carta de amor a Peter Parker

Antes de leer este comentario sobre Spider-man: No Way Home, debéis saber que, en mi corazón, Spider-Man 2 (2004) es la mejor película de superhéroes. En ella, el director Sam Raimi supo convertir en cine el espíritu de mis tebeos favoritos, esos que firmaron Stan Lee y John Romita Sr. en los años sesenta y que conjugaban épica superheroica, romance, comedia y melodrama en una mezcla perfecta. Por esto, la recuperación en esta nueva película -cómo se ha visto en el tráiler- del villano de aquella, el Doctor Octopus, maravillosamente encarnado de nuevo por Alfred Molina, tiene para mí un gancho emocional innegable e irresistible. Lo segundo que necesito decir es que Peter Parker es mi personaje preferido de la ficción popular. Fue el primer superhéroe con el que los chavales de los años 60 pudieron identificarse. Porque ¿En qué nos parecemos a Superman, Bruce Wayne, Wonder Woman o Steve Rogers? Peter Parker es un empollón al que todo le sale mal -como Charlie Brown- con conflictos muy parecidos a los de cualquier adolescente. Es además de los primeros personajes de tebeo que evolucionó con el paso del tiempo, como una persona real: pasó del instituto a la universidad y luego a la vida laboral; le acompañamos en sus primeros escarceos amorosos y hasta asistimos a su boda. Y, sobre todo, Peter Parker no está obsesionado como Batman, ni viene de vuelta de todo como Lobezno, ni es un idealista como Steve Rogers. Es simplemente un buen tipo. En eso se parece a Superman, solo que Parker es humano, duda y comete errores. Esa es la verdadera esencia de Peter Parker y por eso, de todos los personajes de la ficción, es el que querría tener como amigo. 

Hay que decir también que desde 1962 el personaje ha pasado por muchas etapas diferentes, se ha ido actualizando década a década, por lo que, lógicamente, no hay un solo Spider-Man ni un solo Peter Parker. Y por eso me gustan todas sus versiones cinematográficas, las tres -e incluso el Miles Morales de Spider-Man: Un nuevo Universo (2018)-. El de Tobey Maguire -protagonista de tres películas entre 2002 y 2007- es el que mejor ha representado al Peter Parker que hace malabarismos para mantener en equilibrio su vida sentimental, su labor como justiciero, sus estudios y el tener que sacar adelante una precaria economía. El de Andrew Garfield -dos films en 2012 y 2014- es el romántico y trágico Peter Parker en su relación con la idealizada Gwen Stacy. Por último, para Tom Holland -que ahora completa su propia trilogía- se han tenido que buscar facetas menos explotadas. Juega a su favor ser el más joven de todos, ese Peter Parker de instituto que no se atreve a hablarle a una chica, pero también ha tenido que reflejar aspectos más modernos del personaje, como su relación de padre-hijo con Tony Stark -en Spider-Man: Homecoming (2017)- y el enfrentarse a amenazas cósmicas que le superan, como sus aventuras cinematográficas con los Vengadores. ¿Por qué pienso que estos actores son todos muy buenos como Peter Parker? Porque los tres tienen una cosa en común: parecen buenos tipos. Y eso es lo esencial para ser un buen Peter Parker. Al menos para mí.

Por todo esto, me parece una idea genial la premisa de utilizar el concepto del multiverso y las tierras paralelas -un motivo argumental que suele dar mucho juego- para jugar a la metaficción y enfrentar al Spider-Man de Tom Holland con los enemigos de las iteraciones pasadas del personaje. Una idea fantástica -aunque ya la hayamos visto en las estupendas X-Men: Días del futuro pasado (2014) y Spider-Man: Un nuevo Universo (2018)- que sirve para cerrar esta nueva trilogía de Spider-Man poniéndole un broche de oro a las sagas anteriores. Esta idea es la esencia del Universo Cinematográfico de Marvel: la acumulación de historias, referencias y guiños para potenciar un argumento, multiplicando sus significados y, por tanto, su emoción, valiéndose de historias y personajes que se remontan a hace casi 20 años. Y es que Spider-Man: No Way Home es todo lo bueno que tiene Marvel Studios. Pura diversión. La película es todo lo que esperaba -mira que han dado la brasa con rumores y filtraciones- y mucho más. Contiene una historia emocionante, divertida, con toneladas de humor, algunos momentos más oscuros y sorpresas, un montón de sorpresas. Es una película tan satisfactoria que no necesita de las famosas escenas postcréditos. Y tiene dos. Tom HollandZendaya y Jacob Batalon -Ned Leeds- vuelven a ser un entrañable grupo de amigos, pero, además, la película enfrenta a Spider-Man con los (casi) seis siniestros -estupendo Alfred Molina– y encima es una historia en la que participa el Doctor Extraño (Benedict Cumberbatch) con el que el héroe arácnido comparte varias secuencias memorables. Hay un montón de ideas chulas: los guionistas de Marvel Studios siempre hacen un gran trabajo fabricando momentos ingeniosos con estos superhéroes, jugando con sus poderes y características, combinándolos y retorciéndolos en la mejor expresión posible del fan service. Y, sobre todo, la película escarba en la esencia de Peter Parker, en quién es como personaje, llegando a la misma raíz de cómo lo concibieron Stan Lee y Steve Ditko

Spider-Man: No Way Home es el mejor cine de evasión que se puede esperar de Marvel, creo que solo comparable con el díptico de Vengadores Infinity War (2018) y Endgame (2019), y una nueva cumbre del género superheroico, que nos hace soñar y nos deja una sonrisa al salir de la sala. ¿Se puede pedir más?