6.8
Score

Final Verdict

Sons Of Raphael han tardado demasiado tiempo en pulir unos temas que, quizá, no necesitaban que los puliesen tanto. Su álbum de debut funciona cuando se olvidan de la pomposidad y se centran en las canciones. Lo malo es que eso solo lo hacen en una parte del disco, y al final una parte termina lastrando a la otra.

El álbum de debut de Sons Of Raphael es uno de esos trabajos que nacen con el mito a cuestas. El primer largo de los hermanos Raphael se empezó a gestar hace siete años, y desde entonces se han encontrado con un sinfín de adversidades que han hecho que se convierta en un disco que, por lo menos, despierta curiosidad. Y eso que casi no llega a existir, porque los hermanos, que deben ser finos, apostaron a un partido de baloncesto todo el dinero que tenían para la grabación. Pero al final han conseguido editarlo, y la verdad es que no cumple con las expectativas levantadas. 

Grabado en Londres, y mezclado en París por el difunto Phillipe Zdar (PhoenixThe Beastie Boys y Cat Power), ‘Full-Throated Messianic Homage’ se mueve entre la mitología y la locura. Un disco lleno de arreglos orquestales, viejos sintetizadores, y voces angelicales que cantan con toda la delicadeza del mundo. Y ese es quizá su gran fallo, que es demasiado excesivo. Porque, al final, tantas capas, terminan comiéndose los más importante: las canciones. 

Su propuesta funciona cuando dejan de lado toda esa pomposidad y se fijan en el grueso de los temas. Ahí sí que encontramos cosas notables que, por ejemplo, nos recuerdan a los MGMT más psicodélicos. Es el caso de la brillante “Revolution”, donde las cuerdas y las capas de sonidos sí funcionan bien. Claro, también estamos ante una composición con un nivel más alto que gran parte del resto del álbum. O de “He Who Makes the Morning Darkness” y “Yeah Yeah Yeah”, que ganan puntos por su sencillez. Incluso ese punto de electrónica que tiene “Siren Music” les sienta bien. 

Lo malo del disco llega cuando deciden ponerse excesivamente dramáticos. Sus baladas son demasiado pomposas, y no cuentan con ingredientes que hagan de ellas algo realmente interesante. Porque, al final, hay que reconocer que no son unos compositores notables, y eso se nota bastante en este tipo de temas. Ni los teclados barrocos de “Oh Momma”, ni la orquestación dramática que tienen “Let’s All Get Dead Together” y “The Sand Dunes Lift Up”, consiguen levantar unas canciones que resultan de lo más aburridas. Menos mal que entre medias meten cortes como “Devil Devil” y “I Sing Songs for the Dead”, que se salen de todo ese dramatismo y funcionan mejor.