La década de los noventa empezó con una guerra televisada y un clima de tristeza creado por el desencanto de unos ochenta que no fueron tan felices como nos los pintaban. Todo eso se vio reflejado en la música, que dibujó la sociedad de esos años en los que muchos veinteañeros descubrieron que el mundo podía ser realmente jodido. Lindsey Jordan es hija de esos veinteañeros, y a sus 19 años ya se ha erigido como una de las grandes precursoras del revival que explora los sonidos que escuchaban sus padres.

El debut de Snail Mail es una colección de canciones en las que el indie-rock se lleva casi todo el protagonismo. Sus guitarras, limpias y coloridas, pero a la vez muy melancólicas y tristes, son como muchas otras que hemos escuchado una infinidad de veces, pero, cuando las cosas se hacen bien, da igual que estemos ante algo muy manido. Además, la norteamericana cuenta con una de esas voces perfectas para este tipo de música. A su vez, su sencillez, es también una de sus mejores bazas. Porque, ¿tienen algo de nuevo y complicado temas como ‘Pristine’ o ‘Heat Wave’? No, pero suenan tan jodidamente bien, que es imposible que no te atrapen desde la primera escucha. Algo que también pasa con canciones como ‘Speaking Terms’, ‘Golden Dream’ y ‘Full Control’, con las que deja claro que, hay veces, que la nostalgia musical merece mucho la pena.

Lush” también cuenta con una parte más intimista, en la que Jordan se acerca a géneros como el folk (‘Let’s Find An Out’) o el slowcore (‘Deep Sea’), dejando ver que es mucho más inquieta musicalmente de lo que parecía en un primer momento. Además de demostrar que sabe lo que es hacer un baladón intenso como ‘Stick’, el cual acaba con una potente tormenta guitarrera que pone los pelos como escarpias.

Sin duda alguna, estamos ante uno de los debuts del año, y la confirmación de que, una vez más, cuando hablamos de indie-rock, las chicas son las que mandan.