Contra —siempre Contra— nos trae otro título indispensable para quienes amamos el baloncesto, especialmente el «viejuno». Y es que Showtime, de Jeff Pearlman, nos permite regresar, o descubrir a las nuevas generaciones —las que creen que el mundo empezó con Lebron James—, a la época más memorable de la NBA —cuando se defendía y los partidos no eran un concurso de triples… es broma, tranquilos—. O, como reza su explicativo subtítulo, a la gloriosa era de Magic, Kareem, Riley y la dinastía de Los Angeles Lakers en los años 80.   

Como a Pearlman ya lo presenté al reseñar El circo de los tres anillos, podemos entrar en materia rápidamente, que estos Lakers no dan tregua. Showtime arranca en 1979, cuando la franquicia californiana drafteó a Earvin «Magic» Johnson, proveniente de Michigan State,  cambiando por siempre la suerte del equipo. Y se cierra en 1991 con su inesperada, brutal retirada tras anunciar haber contraído el VIH. Algo más de una década saldada con cinco títulos y nueve finales disputadas. E, incluso por encima de la propia dinastía y los éxitos deportivos, la creación de un verdadero fenómeno sociocultural. Juego vistoso, vida glamurosa…    

Ese es el meollo de Showtime, algo que la serie Winning Time ha sabido aprovechar. Porque Pearlman nos habla del espectáculo fuera y dentro de la pista, lo que resulta interesante, aunque el baloncesto no sea lo tuyo. Es la simbiosis entre una forma de jugar —y ganar— atractiva, a toda pastilla y con pases asombrosos cortesía de la sonrisa más irresistible de la NBA, y un envoltorio igualmente estimulante. Cheerleaders, famosos a pie de pista, el club nocturno más libidinoso de la ciudad en el mismo pabellón… En ese sentido, Magic puede ser el personaje central del libro. Pero tan fundamental, e indisociable de la figura del 32, tenemos a Jerry Buss, inefable propietario de los Lakers. Un Hugh Hefner metido a paternalista dueño de club.  

Los Lakers en su playa del Forum, temporada 1984. Foto. Andrew D. Bernstein/NBAE. Getty Images

Por supuesto, Showtime no se olvida de la canasta. Muy al contrario, nos relata, con notable y vibrante detalle, los partidos memorables y las rivalidades míticas: con los Sixers del Dr. J y Moses, obviamente los Celtics de Larry Bird, los «Bad Boys» de Isaiah Thomas o los incipientes Bulls de Jordan. No obstante, la maravillosa sorpresa para nosotros, los devotos de la canasta, es que junto a los esperables Magic, Kareem, Worthy o Scott, hay espacio para secundarios como Norm Nixon, Spencer Haywood, Michael Cooper, Kurt Rambis… Es más, Pearlman tiene tiempo de detenerse hasta en la legión de «troncos», perdón, pívots random, fichados para intentar dar descanso a un avejentado «Cap». En definitiva, un festín para basket lovers.  

Además de los triunfos y derrotas, Showtime perfila personalidades fascinantes y complicadas dinámicas de grupo —egos mayores que las «torres gemelas» de Houston—. A las ya mencionadas primeras espadas —para mí se lleva la palma el huraño y contradictorio Abdul-Jabbar— hay que unirles otro par de iconos apasionantes. Los obsesivos, hasta lo malsano, Pat «the Godfather» Riley y su perenne gomina, y Jerry «the logo» West. Y, de nuevo, otorga un merecido espacio a los olvidados por el rodillo de la historia, también deportiva. Me refiero a Paul Westhead y Jack McKinney, los entrenadores pre-Riley, defenestrados por la estrella Laker y la pura desgracia respectivamente, justamente vindicados aquí como los padres de un estilo de juego que dominó —con permiso bostoniano— los 80.  

Pero hay más. Aunque no pueda decirse que Pearlman profundice en demasía en ningún aspecto, el libro introduce una ingente variedad de cuestiones paralelas al devenir de las temporadas, abordando la propia idiosincrasia de la competición o, incluso el way-of-life del entretenimiento angelino. Asuntos como la desmesurada promiscuidad sexual de varios Lakers. El rol de las mujeres de los jugadores, pioneras WAGs. El flirteo, en algunos casos totalmente fuera de control, con las drogas —grave problema, junto a la violencia, en esos años para la NBA—. La presión y el entorno mediático, mucho antes de Twitter y, horror, el Chiringuito. O, por el otro lado, el poder de las grandes estrellas, aunque al menos no eran tan llorones & pelmazos como los actuales Kevin Durant o el «terraplanista» anti-vacunas Kyrie Irving.

En definitiva, Showtime tiene de todo. Más de 550 páginas que, como ya ocurría con El circo de los tres anillos, se pasan volando, gracias a una prosa dinámica y sin rodeos —no le anda a la zaga la traducción de Guillermo Ortiz—. Entretenimiento asegurado para quienes desconocían la historia o se hayan interesado a raíz de la serie. Así como para los fans de la NBA —ni siquiera hace falta que seas seguidor de los púrpura y oro, por cierto, ¿Russ? ¿en serio?—, gracias a la dedicación del autor a los personajes secundarios o subtramas relevantes. La completísima crónica de cómo un equipo se convirtió en leyenda y parte de la cultura pop.