Algunos libros se esperan con especiales ganas. Es el caso de She said, firmado por las periodistas del The New York Times Jodi Kantor y Megan Towhey, y publicado por la imprescindible Libros del K.O. O, como bien reza su largo no obstante diáfano subtítulo, La investigación periodística que destapó los abusos de Harvey Weinstein e impulsó el movimiento #MeToo. Abstenerse cuñados, machirulos y consumidores de circos tertulianos —me niego a llamarlos programas de información—. Esto va de justicia y honra a una profesión actualmente devastada… que aún puede ser noble y útil a la sociedad.   

Antes del caso Weinstein, Jodi Kantor (Nueva York, 1975), destacó con sus reportajes sobre la brecha de género en Amazon o Starbucks —ambas empresas actualizaron sus políticas internas—; o la de clase en la lactancia, lo que ayudó a impulsar la creación de las primeras unidades móviles de lactancia en EE.UU. Además, es autora del libro The Obamas. Por su parte, Megan Twohey (Evanston, Illinois) ha centrado su atención en los derechos de las mujeres e infancia, destapando una red de adopción online que actuaba sin supervisión; exponiendo la dejadez de la policía de Chicago en la persecución de delitos sexuales; o la «conducta» de Donald Trump con el sexo opuesto. También colabora en NBC y MSNBC.

Como es sabido, el escándalo Harvey Weinstein explotó a comienzos de octubre de 2017, cuando apareció el primero de los artículos de Kantor y Towhey poniendo sobre la mesa que el afamado y controvertido productor de cine —las sombras sobre su figura ya acechaban— tenía una aberrante y dilatada trayectoria de abusador sexual a sus espaldas. Un verdadero patrón criminal ejercido desde una posición de poder contra actrices y trabajadoras de sus empresas. She said es el absorbente making off de esas pesquisas, extremadamente complejas e intrépidas, y sus consecuencias, bien presentes hoy.  

Y este «detrás de la noticia» resulta extraordinario. Una suerte de Spotlight en papel. She said es minucioso, detallando cada paso, incluso a riesgo de perder agilidad narrativa —no lo hace, gracias también a la traducción de la infalible Lucía Barahona—. Entiendo que en esta era de titulares tuiteables y noticias líquidas, despachadas en segundos por «matonas» blanqueadoras del fascismo, o por un señor más bien siniestro —con resultones gráficos sobre fondo rojo, eso sí— que asegura que discutir acerca de una coleta es «más periodismo», pueda requerir de una concentración extra por parte del lector. Pero este libro es un recordatorio de lo potente y necesaria que puede ser la prensa cuando hace del rigor y la verdad sus únicas metas.

Así, She said nos permite ser testigos de todo el proceso. Cada pieza de nueva información. El contacto y las revelaciones de las féminas atacadas por el monstruo. Los terribles hechos y sus circunstancias. La construcción de la indispensable confianza con cada una de ellas. Los instantes de tensa calma esperando a que consientan ser citadas, exponiéndose ante el mundo. O más espeluznantes, cuando Weinstein, avisado de la publicación del artículo, presiona al diario para detenerla mientras intenta saber quiénes han hablado. Mostrando las distintas caras de la complejísima investigación. Difícil imaginar un Pulitzer más merecido. 

Kantor y Twohey siempre tratan al lector con inteligencia, haciéndonos partícipes de las cuitas que fueron asolandolas, igual que la presión a la que fue sometida el periódico. Pero no son ni las protagonistas principales ni el único eje del relato. En ese podio, tenemos, por un lado, a las valientes actrices —gran Gwyneth Paltrow y, sobre todo, Ashley Judd, no se puede molar más— y mujeres anónimas que sufrieron la agresión de Weinstein, sumidas en el brutal dilema de denunciar frente a la sensación de desamparo, impunidad, vergüenza. Así como el oprobio de propios y extraños, o la amenaza que ello supondría respecto a sus vidas y carreras. 

Y, por el otro, al mismo Harvey Weinstein, cuya actitud y modus operandi queda expuesto en toda su atrocidad gracias a la suma de testimonios de la imparable indagación. Lo que, de paso, responde las capciosas preguntas habituales de tertulianos casposos, columnistas «pollaviejas» y, parafraseando a Los Punsetes, opinadores de mierda en redes —resumible en el lamentable ¿por qué no denunciaron entonces?—. Porque She said muestra una cultura empresarial que protege el status quo, promoviendo el silencio. O unas prácticas legales que fomentan los acuerdos extrajudiciales de confidencialidad, ocultando a las victimas y el crimen. Solo la sororidad, condensada en la denuncia coral, tumbó al magnate. E hizo tambalaerse al sistema.

Y es que hay más. Kantor y Towhey no se quedan en Harvey Weinstein, adentrándose en las repercusiones del caso, que espoleó el movimiento #MeToo. Las reporteras abordan un tsunami de aguas más que procelosas —aún en plena evolución—, hasta toparse con otro asunto de relevancia mediático-política: la nominación del juez Brett Kavanaugh, acusado de abusos, al Supremo. Con esa espinosísima causa, y el veredicto del juicio a Weinstein, She said se cierra haciéndose preguntas sobre el alcance obtenido, las posibles contrapartidas, o los cambios reales. Como solo el mejor periodismo hace. Lectura obligatoria. Y esperanza.