Marvel para todas

Hay una idea brillante en el primer episodio de She-Hulk -disponible en Disney Plus- en la que descubrimos que Jennifer Walters (Tatiana Maslany) a diferencia de su primo Bruce Banner (Mark Ruffalo) es capaz de mantener su intelecto tras transformarse en un Hulk. ¿Cómo es posible? Porque las mujeres están mucho más acostumbradas a enfrentarse a sus emociones y a controlarlas para evitar ser juzgadas como histéricas o locas por los hombres. Tengo que admitir que no sé si esta idea estaba presente ya en los cómics: apenas he leído el origen del personaje, firmado por Stan Lee y John Buscema, en lo que era poco más que un producto derivativo del superhéroe masculino, y algunos números de la estupenda colección firmada por John Byrne, que convertía al personaje en una mujer inteligente y moderna, en una serie que ya tenía el tono de comedia y la ruptura de la cuarta pared que vemos ahora en esta serie de televisión -mucho antes de la estupenda Fleabag-. Lo más interesante, precisamente, del primer capítulo de la serie, es ver cómo Jennifer se desmarca de Bruce/Hulk y acaba largándose del campamento de iniciación que éste le ha montado en un ejemplo claro de mansplaining. Un arranque inspirado que continúa en episodios de comedia ligera, de humor paródico -con respecto al Universo Cinemático de Marvel- y autoconsciente: cuando Jennifer confiesa a cámara que los cameos y las apariciones de otros personajes es una forma fácil de atraer a los espectadores. Todo esto recuerda, la verdad, a la ya comentada serie de cómics de John Byrne: no olvido aquella portada en la que Hulka presentaba al lector al personaje invitado, Spider-Man, diciendo «Es mi tercera entrega, toca estrella invitada». 

Tras el primer episodio, Hulka tendrá que enfrentarse a la reinserción social de Abominación, interpretado de nuevo por un divertido Tim Roth -que se enfrentó a Hulk ¡Cuando era Edward Norton! en la película de 2008-; ponerse al servicio de Wong (Benedict Wong) -al que hemos visto recientemente en las películas de Shang Chi (2021) y Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022)- que denuncia a un mago irresponsable; enfrentarse a Titania (Jameela Jamil) por apropiarse de la marca She-Hulk para sacar tajada con merchandising defectuoso -lo que hace pensar muy fuerte en la proliferación de productos derivados de la propia Marvel-. Para el sexto episodio la serie tiene muy clara su vocación de comedia romántica y en estas no puede faltar una boda; el séptimo capítulo recupera a Blonsky (Tim Roth) en una divertida parodia de superhéroes menores -incluido uno español- que recuerda mucho a Lo que hacemos en las sombrasBrinca y salta nos trae el esperado regreso de Daredevil (Charlie Cox) en un team-up que es una delicia y que roba del Kick-Ass de Mark Millar la idea para crear una versión oscura de Frog-Man, aquí Leap-Frog (Eugene Patilio).

Por último, la serie concluye con un noveno capítulo redondo, que da cuenta del troll de Internet que cultiva una masculinidad tóxica peligrosamente cercana a la ultraderecha, ese que trina cuando le dicen que los Cazafantasmas pueden ser chicas o la Sirenita, afroamericana; ese fan inmaduro que cree que las películas de superhéroes deben ser para adultos. Para estos, la serie se atreve a ironizar con la figura de Kevin Feige, productor ejecutivo de Marvel Studios y arquitecto del Universo Cinemático Marvel, para reírse de esos críticos que afirman que las películas están hechas con plantilla -y del logaritmo de Netflix-. Una idea autorreflexiva y arriesgada que deja buen sabor de boca. Poco más se puede decir de una serie como She-Hulk, realizada para los que ya son fans de Marvel, inspirada de forma confesa en Ally McBeal (1997-2002), que no tiene grandes defectos pero tampoco grandes virtudes, aunque, eso sí, cada episodio se pasa como un suspiro y eso, de vez en cuando, no está nada mal.