Una de artes marciales

Siempre en expansión, el Universo Cinemático de Marvel inaugura con Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos su parcela dedicada a las artes marciales. La estrategia no es nueva, ya que precisamente el personaje nació, en los cómics en 1973, para aprovechar el tirón que tenían entonces Bruce Lee y la serie Kung Fu con David Carradine. Ahora, este personaje, más bien secundario en los tebeos y sin superpoderes espectaculares, parece ser la punta de lanza de una nueva hornada de héroes -tras esta película llegarán los Eternos-, destinada a sustituir a los emblemáticos Iron Man, Viuda Negra o Hulk. Así, Shang-Chi (Simu Liu) es un personaje nuevo para el espectador y en esta entrega se mantienen a raya las referencias a la veintena de películas -y series- precedentes. 

Estamos ante un producto Marvel en toda regla, con grandes secuencias de acción, efectos especiales, una buena dosis de humor -el personaje de Katy, interpretado por Awkwafina es probablemente lo mejor del film-, héroes bien construidos y carismáticos, transitando, eso sí, por caminos arquetípicos: la lucha entre el bien y el mal, disfrazada aquí como un conflicto familiar. Shang-Chi debe enfrentarse a su propio padre, nada menos que el equivalente al Mandarín -que apareciera, de aquella manera, en Iron Man 3 (2013)- interpretado con solvencia por Tony Leung, gran actor y un tipo que, simplemente, mola. Mencionemos también a una veterana como Michelle Yeoh, a la que todos recordamos por Tigre y dragón (2000), que aparece para amadrinar esta aventura asiática de artes marciales. Porque la verdad es que estamos ante una película en la que las peleas importan realmente, son espectaculares, y nos hacen disfrutar de secuencias de acción bastante conseguidas, como la pelea dentro de un autobús en marcha, en San Francisco; o la lucha sobre la fachada de un edificio. Además, la historia se transforma luego en una fantasía oriental, muy interesante, de leyendas, dragones y otros seres mitológicos, que podría ser desarrollada en futuras entregas. 

Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos es un producto con la calidad ya contrastada de Marvel Studios, un entretenimiento eficaz que solo falla -en mi opinión- hacia el último tercio, por la sobreexplicación de su historia, que alarga el metraje de forma innecesaria, y sobre todo por una lucha final que se apoya demasiado en lo digital y que nos hace perder de vista la humanidad y el carisma de unos personajes que nos tenían conquistados.