El gran problema de nuestra vida sigue siendo la pareja. Esa unión de dos personas en la que cada una aporta a la convivencia sus frustraciones, inseguridades e insatisfacciones. Con el paso de los años acabamos encontrando culpable de todo lo malo que nos pasa a la persona que tenemos al lado. El roce hace el cariño, sí, pero la confianza acaba siempre dando asco. Tal es el caso del matrimonio -con hija- que propone Cesc Gay: Julio -estupendo Javier Cámara– y Ana –Griselda Siciliani cumple a la perfección el papel principal de la función-. Una pareja que funciona, quién sabe desde cuándo, a fuerza de pullas y de ironía. La acción se desencadena con la visita de otra pareja de vecinos, los atractivos Salva (Alberto San Juan) y Laura (Belén Cuesta), que hacen una propuesta ‘indecente’ a los protagonistas. 

Con estos cuatro personajes -y sus cuatro intérpretes más que solventes- Cesc Gay construye una película -basada en su propia obra de teatro- que se concentra en sus personajes, en un único escenario. Gay aprovecha la sencillez del planteamiento para profundizar -desde el humor- en las relaciones de pareja. Cuesta y San Juan interpretan a la típica pareja que lleva poco tiempo unida, con esa arrogancia que da el amor todavía vivo, con esa -falsa- idea de haber resuelto ese enigma que sus vecinos -Julio y Ana- incluso han olvidado, acomodados en la rutina. Lo mejor del film es la dinámica entre los actores, que crean escenas entre la tensión y la carcajada. Gay obliga a sus personajes, una pareja que lleva siglos evitándose el uno al otro, a enfrentarse en una insólita terapia de parejas y consigue hacernos reír, pero también nos emociona ante la perspectiva de una relación que se desmorona.