Señores del caos, Michael Moynihan y Didrik Søderlind (Es Pop, 2023)

Reedición largamente esperada por quien escribe, Es Pop «resucita», por primera vez en rústica, Señores del caos, de Michael Moynihan y Didrik Søderlind. La historia del black metal noruego o, siendo más precisos, El sangriento auge del metal satánico, como reza su subtítulo. Aunque, en realidad, estamos frente a un trabajo que desborda completamente los límites de la disección de una mera escena musical. Ofreciéndonos, a cambio, una obra abisal, sorprendente coalescencia de estudio cultural, análisis histórico, sociopolítico… Y crónica negra. Muy negra.
Nacido en Boston en 1969, Michael Moynihan es periodista, editor y músico. Colaborador habitual de revistas culturales y musicales, sus ensayos formaron parte de la antología Nueva Cultura del Apocalipsis (Valdemar, 2012). Es coautor de los libros The Secret King: The Myth and Reality of Nazi Occultism (2007) y Señores del caos (Es Pop, 2013), y coedita el anuario Myth-Culture-Tradition (TYR). Como músico, es miembro fundador de los grupos Coup de Grace y Blood Axis, además de la discográfica Storm Records. Por su parte, Didrik Søderlind es un humanista y escéptico secular noruego que ejerce como periodista y autor. Nacido en 1971, asesora a la Asociación Humanista Noruega y escribe sobre ciencia, religión y cultura.
A pesar del interés —considerado clásico del género desde su publicación original en 1998, revisada en 2003—, uno temía que adentrarse en Señores del caos desde el desconocimiento y, siendo sinceros, rechazo al black metal musicalmente hablando, pudiera provocar que el libro se me atragantase. Sin embargo, muy pronto este se revela como un ensayo nada centrado en esas estruendosas coordenadas sónicas y estéticas. Es una obra, vía intensa y laboriosa labor periodística —impecablemente traducida por Óscar Palmer, además siempre cuidadoso con tipografías e imágenes—, sobre el extremismo acontecido dentro de una escena sociocultural muy concreta, por lo que puede resultar absorbente tanto para propios como ajenos al metal.
Dichos acontecimientos, resumibles en crimen, muerte, destrucción y suma simpatía por el diablo en la civilizada Oslo de principios de los 90, se han popularizado en parte gracias al «efecto Señores del caos» o, más recientemente, la homónima película de Jonas Åkerlund (2018). La quema de iglesias, los brutales sucesos en torno a Mayhem, banda pivotal del black metal: el suicidio de Per Yngve «Dead» Ohlin —cantante—, y el asesinato de Øystein «Euronymous» Aarseth —cofundador, guitarrista y figura clave mediante su discográfica Deathlike Silence Productions y la tienda de discos Helvete—, a manos de Varg «Count Grishnackh» Vikernes —bajista—. Sin olvidar otro absurdo homicidio de ese inner circle metalero, el cometido por Bard «Faust» Eithun, batería de Emperor, en Lillehammer. Oscuridad y guitarras chirriantes…
Señores del caos podría haber sido terreno abonado para el sensacionalismo morboso que prolifera acerca de la violencia de las letras en música o videojuegos… Algo que el true crime explota asiduamente —la tele va llena—. De hecho, la tentación para los autores seguro existió, ya que sobre todo Vikernes —también Euronymous, vamos leyendo—, instigó un circo mediático sobre su persona desde prisión. No obstante, Moynihan y Søderlind optan por la documentación profusa —abundantísimas entrevistas—, y una voluntad antropológica sin miedo a la densidad —incluso farragosidad religiosa-esotérica— ni a enredarse en las múltiples y complejas aristas que alberga esta sui generis historia del black metal.

El resultado es que hay muchas «puertas del infierno» que abrir en Señores del caos… Y precisamente ahí es donde radica, a mi juicio, el verdadero meollo y valor del libro. En estas páginas Moynihan y Søderlind nos hablan, someramente quizás —he leído a numerosos «hermanos del metal» quejándose de ello— de los orígenes y bandas claves del género. Pero pronto viran hacia el rastreo de las raíces y contexto político-sociales de una escena a punto de derivar en un movimiento social. Primero, radicalmente underground. Luego, una vez desatada la violencia, aflorando a la superficie de la idealizada sociedad nórdica cual sarpullido, rabioso y enmascarado, socavando sus pilares fundamentales.
Es entonces cuando Señores del caos se torna en un poliedro de cuestiones espinosas en las que ahondar. Satanismo y neopaganismo, desde una idea inicial más bien de revuelta actitudinal y estética. Un nuevo punk con pintas —pelín ridículas, Kiss existen desde los 70—, letras y voces aterradoras… Que, sin embargo, detrás concita una reacción, crecientemente furibunda, contra lo establecido, particularmente el cristianismo. Vinculándose a dogmas ocultistas o el Odinismo. Y ligado a esa singular amalgama de creencias, el surgimiento de un nacionalismo excluyente, abrazando con cada vez menos tapujos los planteamientos de la extrema derecha —en el caso de la estrella reclusa Vikernes, directamente el nazismo—.
En ese sentido, la investigación de Moynihan y Søderlind es fascinante, planteando al lector una extensa batería de preguntas. ¿Cómo los privilegiados hijos de uno de los lugares que más perfeccionó el estado del bienestar podían albergar tanta maldad? ¿Cuánta de esa depravación fue amplificada y mediatizada, creando el mito y estigma que acompañó al black metal? ¿Cuánto de auténtico había en ese batiburrillo de extrañas personalidades y creencias de quienes formaban ese mundillo en los 90 y a posteriori? ¿Buscaban escandalizar, ruidosa y apocalípticamente? ¿O desafiar, con actos que hoy se calificarían de terroristas, su contexto histórico-cultural? ¿Eran vanguardia o una pandilla de críos bastante pirada e indeseable?
No puedo decir que, después de leer Señores del caos, tenga respuestas concluyentes a las anteriores preguntas. Tampoco que arda en deseos de recuperar esos discos indispensables del black metal —tenéis banda sonora a continuación, eso sí—. Lo cual habla a las claras de la potencia de esta lectura. No necesitas tener conocimiento alguno sobre el género para que te absorba esta cruda, estrambótica e insondable crónica. Crimen, religión, fama, política, mórbidas motivaciones y aún más bajas pasiones. Ragnarok, devoción por lo maligno y contradicciones muy humanas por parte de tipos harto retorcidos. Y a todo volumen. Menudo viaje ha sido…