Vampiros y espejos

En El estudiante de Praga -en cualquiera de sus dos versiones mudas de 1913 y 1926- el joven protagonista –Paul Wegener o Conrad Veidt– vende sin querer su imagen en el espejo a cambio de fama y fortuna. Esa imagen escindida se convertirá para el héroe en un doble maligno, en la personificación de su lado más oscuro, un tema muy presente en el cine expresionista alemán. El guion de Segundo premio (2024) que escriben el granadino Fernando Navarro y el director Isaki Lacuesta, ambos, grandes fans del grupo Los Planetasconvierte a su cantante (Daniel Ibáñez) en un vampiro y al guitarra (Cristalino) en una figura espectral que acaba atravesado un espejo para desaparecer.

Lacuesta tiene una amplia experiencia en el documental, pero su película narra la leyenda del famoso grupo indie, antes que intentar ser un biopic al uso, una propuesta que ha cristalizado, digámoslo ya, en una de las películas españolas del año. Una obra estimulante, única, realista y fantástica al mismo tiempo, que hace honor a Los Planetas, pero también a la ciudad que los vio nacer, y que habla de la creación artística, de la identidad de un grupo musical, de las relaciones de amistad y, claro, de las drogas y su complicada relación con el arte. 

Segundo premio es un retrato certero de cómo la creatividad, el genio artístico, conlleva necesariamente dolor y sacrificio, la búsqueda de una libertad -quizás- imposible, la obligación de estar al margen de la sociedad, en soledad, sin trabajo, sin pareja, sin familia. Todo por el arte. Lacuesta reconoce la influencia del Arrebato (1979) de Iván Zulueta -yo agregaría conexiones con Only Lovers Left Alive (2013) de Jim Jarmusch– que transformaba la cámara de cine y la pantalla misma en un vampiro. Aquí es el cantante el que escribe letras robando la energía vital de los que lo rodean, lo que provoca la huida de la bajista original del grupo (Stéphanie Magnin Vella). Esta pareja, junto al guitarrista, formaban algo así como un trío a lo Jules y Jim (1962) pero en Granada, un equilibrio perfecto al que los dos miembros restantes de la banda intentan volver una y otra vez. Un paraíso perdido irrecuperable. Isaki Lacuesta convierte a los productores y a las discográficas en personajes mefistofélicos que intentan robar el alma al cantante -como le ocurría al estudiante de Praga- para conseguir que grabe un disco que él se empeña en hacer en Nueva York, siguiendo los pasos de Lorca. Pero el cantante no estará completo hasta que logre restaurar su imagen en el espejo, reintegrando a su doble extraviado.

Con actores que son músicos cantando versiones de los temas de Los Planetas -lo que, al parecer, no es del agrado de Jota-, Segundo premio es una película-concierto-videoclip, emocionante y poderosa, que va más allá del grupo que la inspira y que bien puede ser una de las mejores obras en la filmografía, ya de por sí valiosa, de su director.