Y a pesar de tantos esfuerzos y tantas canciones memorables que quedaron por el camino, su nombre queda reservado para unos pocos seguidores fieles, y para los muchos músicos que no dudan en contratar sus servicios como productor (es uno de los aliados de Old 97´s, y de Rhett Miller en sus discos en solitario). Su mayor momento de gloria hasta ahora ha sido colar el tema Don´t be afraid en la sacrosanta serie The Wire de HBO, pero ese cuasi-anonimato debería de cambiar con este Hit parade, probablemente la mejor colección de composiciones –y la mejor grabada en interpretada- de su carrera.

Sus trabajos combinan el amor por los clásicos (The Kinks, The Beatles o The Who son los más evidentes, pero en sus canciones también se pueden rastrear huellas de Tom Petty, Go Betweens, Replacements y un sinfín de artistas de lo que se podría entender como pop y rock canónico), con un pulso enérgico que entronca con las mejores figuras de power pop preciosista, como Brendan Benson, Jason Falkner o Ben Kweller (un estilo que, a falta de definición oficial, y a la vista del poco seguimiento popular que tiene a pesar de su buena factura, fue bautizado por Jon Brion como “unpopular pop”).

Todo eso reluce de manera más intensa en Hit parade, casi como si Nourallah fuera consciente de que este era el trabajo en el que tenía que echar el resto, que había que aprovechar que sus mejores musas le visitaban en el mismo momento en el que estaba acompañado por todo un dream-team de músicos (Joe Reyes de Buttercup a la guitarra; John Dufilho de Apples in Stereo a la batería; Richard Martin de Shibboleth a las teclas; y Jason Garner de The Polyphonic Spree al bajo). Tocaba hacer un disco de banda, a pesar de que Salim es uno de esos multi-instrumentistas que se las bastan solos, y tocaba dejarse asesorar en los controles por el gran Jim Vollentine (Craig Finn, White Rabbits, Spoon, …), a pesar de que sabemos que Salim anda sobrado de galones de productor.

La fórmula funciona, y aunque entre las 14 canciones que conforman el disco se cuela alguna que baja el nivel (Channel five simplemente no da la talla, por muy bonito que sea su arreglo de guitarra de doce cuerdas), la sensación final que nos queda es la de estar ante un talento enorme moviéndose justamente en el terreno en el que está más cómodo.