El cómic y la música mantienen desde hace décadas una sana relación en que los dos medios de comunicación se han podido exponer y explicar, en especial con el pop y el rock, como es el caso. En esta ocasión, el tebeo se presenta en castellano en formato integral, compuesto de dos volúmenes, aparecidos en francés en 2009 y 2011, respectivamente. La recopilación se publicó en 2022. Conforme ha pasado el tiempo se han sumado más historietistas y más nombres. 

En su día, la idea fue del veterano periodista Vincent Brunner (1974) –aquí también en funciones de compilador– a cuya convocatoria acudieron una treintena de dibujantes. En esta edición son 54 autores franceses que firman los retratos de 64 solistas y grupos de rock. El hilo conductor es el valor intrínseco y trascendente de músicos y discos, apreciado desde la óptica de las filias y fobias de los ilustradores invitados. Además, el disgusto del comiquero se aprecia en las viñetas por tener que ilustrar a un nombre que no es de su interés. Una provocación en toda regla. Otra bravata es sacar a los músicos del contexto esperado. Ese desafío, desde la imaginación y una cierta irreverencia, es uno de los logros de esta integral. El lector que comparte esa carga de profanación del mito se va a divertir. Cada selección musical, que se muestra a la doble página, incluye una precisa biografía del músico en cuestión y una discografía escogida, más una playlist de 20 canciones, a cargo de la lupa del periodista francés. El volumen abarca la amplia jungla de estilos, géneros y subgéneros en que destacan tanto los dibujados como los viñetistas. 

Las casi 500 páginas de Rock & Roll. La historia del rock en cómic (Rock Strips. L’histoire du rock en BD, 2022; traducción de Marta García García) son en riguroso blanco y negro. El bitono en estos colores resulta tan versátil que se adapta a cualquier canción, a cualquier actitud, a cualquier músico. Un ejemplo meritorio se encuentra en Jacques de Loustal. Roy Orbison, Alice Cooper, Roxy Music, Suicide, The Cramps y Tom Waits son observados por el historietista desde una economía gráfica admirable, en una única viñeta, que se sostiene en la dualidad de las luces y las sombras, atravesadas por una lectura silente. Por distintos motivos que es mejor descubrir que desvelar destacan las historias de Bob Dylan por Drangiag & Brunner; The Rolling Stones por Morvandiau; Marianne Faithfull por Anne Simon; David Bowie y también The Velvet Underground por Nine Antico; Elton John por Charles Berberian; Funkadelic (atención al primer vídeo) por Luz; Nick Drake por Vincent Vanoli; Blondie por Stanislas Gros; The Clash por Olivier Josso;  P J Harvey por Fred Bernard y Kraftwerk por Chaumaz. La lista es tan líquida como solvente. 

En ocasiones, el lector topa con una gema, sea por el músico o por la concepción de las viñetas; otras veces cuesta entender la idea del autor. O simplemente, interesa a los más fans de un nombre. La cuestión es dejarse llevar y disfrutar de la nómina musical, en la que no faltan Elvis Presley, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash, Serge Gainsbourg, Jimi Hendrix, The Kinks, The Who, The Jefferson Airplane, The Doors, Curtis Mayfield, Bob Marley, Iggy Pop, Kate Bush, Alex Chilton, King Crimson, Sonic Youth, Dead Kennedys y Nirvana, entre otros. 

Más allá de los historietistas citados participan otros reputados autores de muy diferente perfil y estilismo como Coco, Laure Del Pino, la ilustradora Elene Usdin, Serge Clerc, Sébastien Lumineau, Hervé Tanquerelle y Riad Sattouf. El objetivo es rendir sin manías ni prejuicios un alentador y rabioso homenaje, según los casos, a distintos grandes de la música popular, en diferentes épocas y géneros del rock’n’roll y sus afluentes. Cabe entender que incluir a tantos dibujantes y tantos músicos el equilibrio se resiente; por tanto, el libro queda afectado. Sin embargo, ese déficit se contrarresta con los resúmenes y las notas que navegan entre buenas canciones y álbumes singulares. En definitiva, un cómic como Rock & Roll supone una pasarela ecléctica que recupera nombres y discos olvidados; al tiempo, que une tanto como bifurca distintos estilos. Ello significa que este título rechaza la idea tan diseminada de que el rock es una pieza de museo. Coraje antes que nostalgia.