Roba este libro, Abbie Hoffman (Capitán Swing, 2016)

«No había nadie como él, nadie que combinara de ese modo un ingenio brillante y estrafalario con objetivos políticos importantes»
Howard Zinn sobre Abbie Hoffman [del prólogo de Roba este libro]

Algunos libros aparecen cuando menos te lo esperas. En cambio, otros no pueden ser más oportunos. Normalmente, detrás de ellos hay un buen editor, como es el caso que nos ocupa, Capitán Swing, siempre ojo avizor a la realidad que nos rodea. Roba este libro apareció originalmente en 1971, como guía y al mismo tiempo manifiesto indisociable de la contracultura más comprometida y activa políticamente, pergeñado por uno de sus líderes más carismáticos y singulares, uno de los fundadores del movimiento yippie —la rama hiper-politizada de los hippies—, el sinpar Abbie Hoffman. Pero en 2016, este volumen se convierte en un incontestable recordatorio de que la historia no solo es cíclica. Con demasiada frecuencia, es jodidamente cíclica y salvajemente cruel.

Entonces, mediante Roba este libro Abbie Hoffman quería contarnos cómo luchar contra el «Imperio Cerdo», esos Estados Unidos ultracapitalistas, represivos y bélicos —plena Guerra de Vietnam—. Entendiendo dicha lucha de la forma más literal y explícita —también socarrona—, pormenorizándonos todo tipo de recomendaciones y consejos para vivir al margen de la ley. Desde cómo conseguir comida gratis hasta a hacerte tu propio laboratorio clandestino. De cómo robar en tiendas a socorrer rápidamente a tu compañero agredido en una protesta/ manifestación. De cómo organizar tu propio medio subversivo a como obtener y usar armas. De cómo no pagar nunca a vivir en la clandestinidad. Todo lo que usted siempre quiso saber —o no— sobre contracultura, en su versión má extrema, pero no se atrevía a preguntar. «Un manual de supervivencia para la cárcel que es Amérika», citando a su propio autor.

En un tono ligero, con frecuencia mordaz —en la introducción, que firma Norman Mailer, califica su carisma como «surgido de la Inmaculada Concepción de Fidel Castro y Groucho Marx»— , pero siempre certero y con abundante información práctica —las listas con direcciones abundan—, Hoffman desgrana una completísima guía del guerrillero y el activista político. No es de extrañar que hasta un treintena de editoriales rechazasen la publicación de estos textos —Hoffman tuvo que crear su propia editorial para publicarlo, distribuyéndolo gracias a Grove Press—. Tampoco me imagino a Henry Kissinger con la obra bajo el brazo entonces. Igual que tampoco veo hoy al ministro Jorge Fernández Díaz convirtiéndolo en su libro de cabecera.

Roba este libro es una lectura singular, que uno degusta entre divertido y sorprendido. Ciertamente, es hijo de su época. Sin embargo, y aunque en algunas de sus secciones prácticamente todo, tanto las estrategias como las recomendaciones, han quedado absolutamente desfasadas por el inexorable paso del tiempo —mucho antes incluso de la llegada de nuestra era digital—, eso no es óbice para menospreciar su vigencia, al menos en el fondo, hoy en día. El «Imperio Cerdo» no ha muerto. De hecho, el «Imperio Cerdo» ganó.

¡Tan solo mirad las noticias, mirad lo que nos están haciendo! Nos mintieron y nos estafaron. Y luego rescataron a los suyos “por el bien” del sistema. “Su” sistema. Nos recortan nuestros derechos, derechos obtenidos a través de años de luchas y avances, en el nombre de la competitividad y la seguridad. Dejan a la gente morir, sin vergüenza alguna, en Lesbos, en Siria. Detienen ilegalmente a centenares de personas en Guantánamo y construyen alambradas para no dejar entrar a los refugiados —intercambiables por los «espaldas mojadas»— pero se les llena la boca al acusar a otros países de su falta de cumplimiento con los derechos humanos. De hecho intervienen militarmente —Afganistán, Irak, Libia—, como hicieron en Vietnam, cuando así lo consideran beneficioso para sus intereses. El capitalismo salvaje sigue usando a sus lacayos, políticos atroces y medios serviles, a su antojo ¿Tan lejos queda el Macarthismo de la actual persecución de Julian Assange y Edward Snowden? ¿O de nuestra «Ley mordaza»? ¿No parece una versión burda y demencialmente torticera de la caza de brujas —versión franquista y 3.0—, el intento de criminalización de unos titiriteros por la controversia de su obra, o la persecución de concejales por un tuit desafortunado o una protesta pacífica en una iglesia? ¿Justo cuándo la corrupción alcanza tales niveles que estamos ante una organización criminal? En mi opinión, al actual «Imperio Cerdo» se le ha caído la careta, y aunque se me hace imposible defender determinados pasajes donde Hoffman defiende la violencia como un mal necesario contra el Estado opresor, la desobediencia civil por parte de una ciudadanía comprometida sí sigue siendo tan necesaria hoy como en los años setenta. Así que, gracias Abbie Hoffman y Capitán Swing. Por recordárnoslo.