17 Oct 2026 15.052 artículos desde 2008
Cine/TV

Resident Evil

Resident Evil

(Video)juego de niños

Uno de mis subgéneros preferidos del cine es la comedia de terror y en la lista de las mejores tengo que añadir ahora la estupenda Resident Evil (2026), toda una sorpresa por la original perspectiva adoptada por su director, Zach Cregger. Teniendo en cuenta el planteamiento de partida, llevar a la pantalla uno de los videojuegos más populares, producido por Capcom, adaptado ya en varias películas de acción real y animación, no se podía esperar la maravilla que ha hecho Cregger. Su decisión parece más un spin off de la franquicia que un intento de crear una nueva saga, eludiendo encarar la trama principal en la que la oscura Corporación Umbrella realiza peligrosos experimentos que, al salirse se madre, provocan una epidemia zombie en la ya famosa Raccoon City.

En lugar de encarar el conflicto central, el protagonista aquí es un tipo normal y corriente, Bryan (Austin Abrams), un mensajero de suministros médicos, que decide ganar un dinero extra -y escaquearse de una importante discusión con su pareja- llevando un misterioso paquete a la referida ciudad. A partir de ese momento, la película replica de forma ingeniosa la mecánica de un videojuego, simulando en muchos momentos la perspectiva en primera persona y poniendo al personaje protagonista ante diferentes peligros y retos que lo obligan a ir de un escenario a otro, a buscar armas y herramientas que lo ayuden a sobrevivir, y enfrentándolo a diferentes terrores, cada vez más extraños y mortales. Puro survival horror.

Cregger -que firma el guión junto a Shay Hatten– pone su sello imprimiendo muchísimo humor en todo lo que ocurre, haciendo que Bryan sea un tipo reconocible y entrañable -a pesar de sus claros defectos- por el que el espectador sufrirá viéndole enfrentarse a todo tipo de horrores. El humor funciona de maravilla en la película, pero, además, Cregger tiene la capacidad de fabricar imágenes terroríficas que ponen los pelos de punta -la imagen de una mujer corriendo por el campo-, sustos de esos que te hacen saltar de la butaca, gore bastante visceral, e imágenes de terror fantástico que hacen un buen uso de los efectos especiales digitales.

Gran parte del éxito de la propuesta está en el personaje principal, y en su intérprete: Abrams conecta con el Griffin Dunne de Jo, ¡Qué noche! (1985), sí, pero también con el de la mejor comedia de terror de todos los tiempos, Un hombre americano en Londres (1981), sobre todo en esas escenas en las que camina solitario por la nieve, rodeado de árboles de los que puede surgir la amenaza, hablando solo y haciéndonos sentir frio y soledad en nuestras propias carnes. Cregger hace un excelente trabajo de planificación con la cámara -junto a su director de fotografía Dairusz Wolski– que mete al espectador dentro de la historia. Y aunque Resident Evil es una propuesta tremendamente original, también recoge la herencia del género, empezando por John Carpenter, el de La cosa (1982) -con esos efectos a lo Rob Bottin– y hasta replicando la atmósfera apocalíptica de 1997: Rescate en Nueva York (1981) en algún momento. También hay, claro, un guiño al padre del zombie moderno, George A. Romero y al exceso de Sam Raimi en la saga de Evil Dead.

Cregger se las ingenia para entretener y asustar, y de paso, como trasfondo, hace un comentario sobre los hombres de su generación, educados con los videojuegos y reacios a asumir responsabilidades -siempre la paternidad-, lo que conecta este Resident Evil con otra gran comedia terrorífica, Zombies Party (2004), de Edgar Wright.