Rebeca

Las comparaciones

La idea de hacer una nueva versión de Rebeca es simplemente perfecta. La adaptación de la novela de Daphne du Maurier que estrena Netflix -también en cines- siempre tendrá que mirar hacia arriba al clásico intocable de Alfred Hitchcock de 1940, al que nunca podrá superar, lo que coloca al film en la misma situación que la protagonista del relato, obligada a luchar contra el fantasma de la Rebeca del título. En este sentido, Twitter sería la malvada ama de llaves.

Pero si nos olvidamos de las comparaciones, ya sabéis que son odiosas, encontraremos en la nueva Rebeca un film digno con algunos momentos interesantes. Dirige un director interesante como el británico Ben Wheatly, autor de títulos estupendos como Kill List (2011), Turistas (2012) y sobre todo High-Rise (2015).

En sus obras, Wheatly suele explorar el lado oscuro del ser humano, con una mirada escéptica no exenta de humor (negro). Rebeca parece ser un encargo para Wheatly, del que creo que sale airoso abordando el proyecto sin mirar demasiado hacia el tótem intocable del maestro del suspense y asumiendo las convenciones del género que aborda.

En su primer tramo, Rebeca es una historia romántica sobre las fantasías de la protagonista, una huérfana interpretada con ojos húmedos por Lily James, torturada con sadismo por su jefa, la señora Van Hopper -siempre eficiente Ann Dowd– y rescatada por un apuesto y misterioso millonario, Maxim De Winter (Arnnie Hammer).

La recreación de la época, el lujo que rodea a los personajes y los magníficos escenarios, nos llevan de la mano sin esfuerzo a través de una historia romántica que parece impresa en papel satinado. Donde se juega su prestigio Wheatly es cuando la historia arriba a la famosa mansión de Manderley, en la que el relato vira hacia el suspense e incluso el terror, gracias a la presencia inquietante del ama de llaves, la señora Danvers (Kristin Scott Thomas).

Wheatley establece una descenso a los infiernos muy gradual y utiliza la secuencia del baile de máscaras -un diseño de producción estupendo- como el umbral hacia una historia de fantasmas, imprimiendo una atmósfera sobrenatural -esos cielos arrebatados, el mar oscuro, el buzo con su pesada escafandra emergiendo de las aguas (del subconsciente culpable)-. Son pequeños detalles, es cierto, que estaríamos aplaudiendo si viviésemos en una realidad alternativa en la que no hubiera existido Hitchcock. Por suerte vivimos en esta realidad, y podemos disfrutar con la nueva versión de Rebeca -si queremos- y volver a ver, una y mil veces, el clásico de Joan Fontaine, que sigue ahí, en vuestra videoteca, como siempre.