El viaje de la heroína

Disney confirma con Raya y el último dragón su apuesta por los personajes femeninos que se alejan de las desvalidas princesas tradicionales. Raya es una joven princesa, sí, pero también una guerrera heroica que no necesita príncipe -ni siquiera tiene interés en el amor, al menos, del sexo opuesto- y que se echa sobre sus hombros la misión de salvar al mundo.

La película es perfecta, con una animación técnicamente de primera, una narrativa eficiente, un ritmo trepidante, personajes encantadores -esa ladrona bebé- y momentos de acción, humor y drama. Solo le puedo achacar, en mi opinión, cierta frialdad en esa perfección.

Estamos ante una película hecha aparentemente ‘por comité’: aparecen acreditados cuatro directores y nada menos que diez guionistas. No estoy en contra del trabajo en equipo, ni voy a hacer aquí una defensa de la política de autores, pero Raya y el último dragón es un film que sin copiar nada en concreto, recuerda a muchos otros films, demasiado calculado y medido en su fórmula. Lo que no quiere decir que no sea disfrutable en su naturaleza de producto de entretenimiento sumamente eficaz. Pero ¿Nos acordaremos de ella?

Por otro lado, donde la película sí marca diferencias es en su voluntad de proponer un tema de fondo que seguramente preocupa en Estados Unidos, el de la división y el enfrentamiento ideológico post Donald Trump -algo similar a nuestras ‘dos Españas’- y habla claramente de la necesidad de la reconciliación y de unirse para afrontar el futuro.