Mito y religión

Si convenimos en que es imposible imaginar el futuro sin partir del pasado, Raised by Wolves funciona como una extrapolación de la Edad Media, de la época de las Cruzadas, a un escenario de ciencia ficción, a un planeta extraterrestre. La estupenda serie creada por el guionista Aaron GuzikowskiPrisoners (2013)- plantea un conflicto propio de ese período histórico: los creyentes contra los herejes enfrentados en una Guerra Santa. Hay además un componente fantástico en la propuesta, haciendo reales supersticiones de esa época oscura, como la brujería, adaptando también estos conceptos a la ficción científica. Así, los cruzados se convierten en viajeros espaciales y los nigromantes en androides superpoderosos capaces de volar. Una mezcla estimulante, que es solo la capa externa de una serie marcada por la figura de Ridley Scott como productor ejecutivo -y director de un par de episodios-.

Se puede decir que Raised by Wolves es la mezcla de El reino de los cielos (2005) y Prometheus (2012). Con esta última cinta la serie coincide en hablar de la creación de la vida y de la evolución en lejanos e inhóspitos planetas extraterrestres. La serie comparte varios elementos argumentales, temáticos y estéticos con la saga de Alien (1979): la maternidad como conflicto subterráneo; los androides similares a los humanos, pero cuya ‘sangre’ es en realidad una especie de líquido lechoso. Encontraremos además unas extrañas criaturas depredadoras, similares a los famosos xenomorfos, como única especie viva del planeta en el que ocurre la historia. Las teorías sobre el origen de la vida como las de la ya mencionada Prometheus (2012) están muy presentes en el enigmático mundo que visitan los protagonistas, en el que encontraremos hallazgos tan intrigantes como un misterioso cráneo neandertal. 

La historia de Raised By Wolves nos presenta una humanidad apocalíptica y dividida por una guerra religiosa, que busca en el espacio su salvación y una nueva oportunidad. Para ello, conoceremos a dos androides, Padre y Madre -estupendos Abubakar Salim y sobre todo Amanda Collin– cuya misión es criar a un grupo de niños y establecer una colonia que asegure el futuro de la humanidad. Esta historia principal tiene fuertes y evidentes connotaciones bíblicas. Padre y Madre son claramente Adán y Eva, que, ojo spoiler, acabarán enfrentándose a una serpiente que amenaza con echarlos del supuesto paraíso. Eso por no mencionar la sombra de Caín y Abel que planea sobre la relación de amistad -y casi de hermandad- entre Campion (Winta McGrath) y Paul (Felix Jamieson). La serie habla también de la fe, de la oposición entre ciencia y religión, y del sentido de la vida si no creemos en nada. Es evidente que -ojo spoiler– el embarazo de la robot alude a la Virgen María y la inmaculada concepción. Mencionemos también que Campion es tratado, en un principio, como el posible mesías salvador. Además, el tema del fervor religioso, del fanatismo, aparece reflejado en los personajes de Marcus (Travis Fimmel) y Sue (Niamh Algar), que se mueven entre el ateísmo y la locura religiosa fanática durante el transcurso de la serie. Son también ellos reflejos de figuras paternas y es notable cómo Marcus acabará -de nuevo spoiler– convertido en un padre terrible capaz de sacrificar a sus propios ‘hijos’ en nombre de Sol/Dios.

Por otro lado, el guión de la serie es rico en conceptos potentes, como la mencionada idea de que la poderosa androide Madre sea un arma mortífera, que se puede entender como una malvada bruja, capaz de sembrar la muerte y la destrucción con un letal grito sónico. Madre parece evocar visualmente también a la androide María de Metrópolis (1927), pero su desarrollo como personaje, el que adquiera sentimientos ‘humanos’, nos lleva a pensar en otra cinta capital de Ridley Scott como Blade Runner (1982) e incluso en su tardía secuela, Blade Runner 2049 (2017). En todos estos elementos y referentes está el llamado ‘complejo de Frankenstein’, muy presente en las dos películas mencionadas -también en Alien– y aquí sobre todo en esa búsqueda del creador/Dios/padre -y del sentido de su existencia- que lleva a cabo Madre. Por cierto, recordemos que el nombre que elige para sí mismo el monstruo de Frankenstein en la novela de Mary Shelley es nada menos que Adán.