8.0
Score

Final Verdict

Si su anterior álbum viajaba dentro del synthpop. Ahora, Morris se recoge en un pop diferencial, con resultados brillantes. Decididamente, Rachel Morris se siente cómoda en su terreno de hadas.

En un primer momento no lo parece, pues la intro de la canción que abre el disco parece ir en otra dirección, pero no. Ciertamente es pop. Transcurridos unos versos, la receta pop sin más pasa a ser una ración inquebrantable del mejor pop. La sección de cuerda ya anuncia que algo bueno está por aparecer y sin llegar a explotar en la épica, tan gastada en el pop y en el syntpop – las montañas de capas y bases también son épica – y derivados. Rae Morris lo sabe y se aleja de esa panorámica en este su tercer álbum y, de paso,  alcanza la puerta de entrada del camino a los altares que confirmará o no en su cuarto álbum. El anterior, “Someone Out There”, alcanzó puestos preferentes en las listas de éxito de diversos países.

La canción “No Woman Is an Island” –el vídeo rodado en su Blackpool natal, en el norte de Inglaterra, es una ciudad costera del Mar de Irlanda –, es un tema que ha llegado para quedarse. Muchos no olvidarán por largo tiempo si la entendemos como una radiografía de la mirada que los ejecutivos, subclase macho man de la industria musical, tienen de las mujeres que no llegan a los veinte años, pero ya disponen de un puñado de buenas canciones bajo el brazo. “Alguien en mi antiguo sello me describió como ‘una isla’, porque no me entregaba lo suficiente a la gente en fiestas y eventos», ha declarado a la BBC la cantante y compositora británica.

Soltado el lastre de su anterior disquera, recién estrena la treintena y criando un bebé junto a su pareja vital y musical, Benjamin Garrett, que cuando ejerce de productor firma como frYars.Morris mira al futuro de frente y lo atrapa; por tanto, estas once canciones son para ella un present day de manual. Sin embargo, el nuevo álbum no es disruptivo respecto al anterior. La secuencia que se establece entre el cierre del segundo disco,”Dancing with Character” y la apertura del tercero, “No Woman Is an Island”, así lo refrendan. Pero sí existe un corte. La madurez y la valentía de mirar más allá toman otro cariz.  

A muchos audiófilos, el pop británico les crea un cierto repelús, ya que consideran que todo ya está dicho. Los referentes son los que son y lo que vino después tiene un valor relativo. En esas cumbres estaría Dusty Springfield, que cuando intentó virar hacia el soul, allá por 1968, tuvo un ataque pánico: Aretha Franklin estaba atenta a lo que pudiese pasar. La londinense junto al autor, Burt Bacharach, uno de los compositores que cambiaron el pop, en A House is Not a Home, parecen referentes.

El sonido de Morris apunta al norteamericano, sea con sostenida voluntad, o simplemente ha sucedido, pues el álbum parece atravesado por el teatro musical y una sección de cuerdas empujando a otro nivel, así lo sugieren “Better Man”, “Running Shoes” y “The Carrot”. También se intuye la fascinación por la primera etapa de Björk y el art pop de Kate Bush, cuyos reflejos están en “Spitting from the Top” oMorning Isn’t Morning. Y esa voz, oh!, esa voz… Tal vez la conexión sean las exuberantes orquestaciones. La cantante está tan cerca del pop sixties, como vigorosa y personal en pleno s. XXI, con su pop de cámara, que ya le queda estrecho.  

Morris crea melodías, envueltas en atmósferas eufóricas e indelebles,  como son “Skyscraper Love” o “Low Brow”, que permiten lecturas dispares, cosa que beneficia a “Rachel@Fairland” en su conjunto. Tampoco falta el más que notable trabajo de arreglista y orquestador de Sean O’Hagan, vinculado a The High Llamas y Stereolab, que permite situar a la vocalista en un lugar indeterminado, del cual no se conocen los límites, pues ensancha sobremanera el pop de cámara que práctica. Aun así se percibe libertad de acción. Ello facilita viajar más allá de la vida en “A Table for Two” y solazarse con el corte final “In the Wild”.

El aporte de Morris al pop british es ese technicolor de las texturas, esa envoltura cinemática que crea junto a su pareja y arropan sus canciones. “Go Dancing”, interpretada por ambos, es un ejemplo. Si su anterior álbum viajaba dentro del synthpop. Ahora, Morris se recoge en un pop diferencial, con resultados brillantes. Decididamente, Rachel Morris se siente cómoda en su terreno de hadas.