8.2
Score

Final Verdict

Quivers se confirman con una de las mejoras bandas de indie-pop de la actualidad con ‘Golden Doubt’, una colección de canciones exuberante que no puede resultar más irresistible.

No nos cansamos de repetir lo mucho que nos gusta el pop que llega de Australia. Y es que es imposible ignorar la cantidad de buenos grupos que salen desde la otra punta del mundo, y lo bien que adoptan ese pop por el que no pasa el tiempo. Es el caso de Quivers, una banda de Melbourne que ya sorprendió con un precioso álbum de debut, y que ahora vuelve a la carga con un segundo trabajo aún mejor. 

Quivers tienen muy claro cuales son sus influencias. De hecho, no tienen problema en nombrar a The CureTeenage Fanclub y Another Sunny Day cuando hablan de las bandas que han inspirado las canciones de ‘Golden Doubt’. Tres pesos pesados que pueden resultar muy evidentes a la hora de hacer pop, pero los australianos van mucho más allá. Su personalidad, y otras influencias, como el jangle-pop o los primeros R.E.M., hacen que sus temas suenen frescos y absolutamente brillantes. 

Uno de los aciertos principales de este trabajo, son esos juegos de voces que iluminan las canciones. Desde el principio, con la algo épica “Gutters of Love”, podemos ver la importancia que le dan a los coros, que casi se convierten en un instrumento más. Además, aparecen en todas las facetas del disco, que son unas cuantas. Aciertan de pleno cuando se van al indie-pop de toda la vida, como es el caso de “When It Breaks” o “Chinese Medicine”. Además de esa estupenda “You’re Not Always on My Mind” que publicaron en 2019, y que se ha convertido en su mayor éxito. Pero también cuando embellecen un poco más su propuesta y nos entregan la deliciosa y sofisticada “Hold You Back”. 

No todo es pop vigoroso y exuberante en este trabajo, también bajan el ritmo en varias ocasiones, y la verdad es que con resultados sobresalientes. Ahí está esa estupenda, y algo sixties, “Nostalgia Will Kill You”, donde, una vez más, los coros juegan un papel importante. O la densidad de “Videostores”, en la que prácticamente se adentran en mundos del post-rock. Además de la belleza que desprende un corte como “Laughing Waters” y ese emocionante final lleno de cuerdas