¿Un libro sobre Prefab Sprout en castellano? A veces, hay que dejarse llevar por las intuiciones. O bueno, con el musicólogo y periodista Carlos Pérez de Ziriza, basta con leer sus publicaciones, pistas evidentes de que estamos ante un tipo con particular buen gusto y pasión «por lo suyo», hablarnos de la mejor música. Tras su magnífica enciclopedia del power pop y la new wave Tres minutos de magia, y el confesional No olvides las canciones que te salvaron la vida, reaparece en la sección, también gracias a Efe Eme, para acercarnos y reivindicar a uno de los «geniecillos» del pop más esquivos: Paddy McAloon. Desconozco si, como reza el subtítulo, la vida es un milagro, pero la existencia de este libro sin duda lo es.

Banda y/o figura de culto —tanto monta, monta tanto con el de Durham— donde las haya, Prefab Sprout es una singladura musical de lo más especial. Asociada estética y sónicamente a los 80, su pico comercial y, a la vez, a «coletillas» del gusto de la crítica como «atemporal» o «imperecedero». Clásicos pop, no obstante con McAloon explorando sonoridades variadas a lo largo de su idiosincrática carrera. Siempre en el peligroso filo de lo blando o empalagoso. Sin embargo, responsable de un buen puñado de joyas capaces de traspasar las corazas más duras, exponiendo los sentimientos y sensaciones más hondas. Quizás le haya sobrado algún teclado, producción o duración. Pero hablamos de un creador imprescindible. 

También de un personaje extremadamente huidizo de los focos. De hecho, uno prácticamente le había perdido la pista este milenio, en el que Prefab Sprout responde más que nunca a la idea, y mente compositiva, de una one man band. Debe que Pérez de Ziriza se encarga de contrarrestar en La vida es un milagro con una inmersión completa en su carrera, abordada desde complementarios puntos de vista. De los proverbiales orígenes, variopintas influencias, legado, discografía completa y, sobre todo, las particularísimas singularidades —idiosincrasias insobornables junto a cuestiones de salud— que han convertido a Paddy McAloon en un misterio, factor que acrecienta lo extraordinario e intransferible de su música.

Paddy McAloon, el Gandalf del pop.  Foto: Kevin Westenberg

Sin embargo, más allá de la preciosista y pormenorizada disección discográfíca, como se merece el arrebolado cancionero de Paddy Joe, rematada con una estupenda lista top 50 donde el autor se moja —podéis disfrutarla al final del artículo, corred— con sus predilectas, el mayor valor de La vida es un milagro reside en las entrevistas de Carlos Pérez de Ziriza con el propio McAloon, siendo la segunda de ellas exclusiva para este libro. La labor del periodista madrileño en ellas es soberbia, por extensión y profundidad —resultado de casi dos horas de conversación—, ya que logra mantener una verdadera y de lo más reveladora conversación con el huraño —ese era su sambenito— artista. Un segundo milagro, vamos.

Gracias a ese dilatado encuentro telefónico, el lector —y, asumamos, fan o conocedor del grupo— tiene un ágape de lo más suculento ante sí. Uno en el que puede adentrarse en el devenir de los Prefab Sprout con el mejor guía posible, su propio «hacedor» —no perdamos el halo místico—. Así, Pérez de Ziriza y McAloon versan sobre los vaivenes de una trayectoria resumible en un pudo ser y no fue en términos de popularidad —más bien efímera—, con una segunda mitad digamos errática o confusa. Tratan sobre las evoluciones en el sonido, letras y temáticas. Inciden en la visión del británico respecto a su labor compositora, extenuantemente puntillosa y limitada físicamente. Lidian con la fama o el desinterés en el directo. Incluso hablan de la vida en pandemia. Lo dicho, un festín. 

No creo que tras devorar La vida es un milagro podamos descifrar el enigma Prefab Sprout. Pero difícilmente hayamos estado más cerca —no en la lengua de Cervantes, al menos— de conocer qué se esconde detrás de uno de los músicos más irrepetibles que nos haya dado el pop. Si a eso le sumaís que Pérez de Ziriza nos está brindando una maravillosa excusa para (re)descubrir algunas de las páginas más brillantes —hoy bastante soslayadas— del pop. Y eso, en época de advenedizos plumillas «revisionistas» en busca de inanes clickbaits, vale un potosí.