Identidad líquida

Al menos a mí me resulta imposible ver la segunda película dirigida por Brandon CronenbergPossesor, sin pensar en la sombra alargada de su padre. En esta película encuentro equivalencias sobre todo con la estupenda eXistenZ (1999), por el uso de implantes tecnológicos en el cuerpo humano y por la presencia de la magnífica actriz Jennifer Jason Leigh en ambas cintas. 

Ganadora en el Festival de Sitges de premios a la mejor película y al mejor director, el argumento de Possesor propone a una asesina corporativa que se infiltra en los cuerpos de otras personas mediante implantes cerebrales para acercarse a sus objetivos. El alma humana se convierte en un software que se puede instalar en cualquier dispositivo/cuerpo y acaba siendo algo parecido a un virus destructivo. Este argumento de serie B no deja de ser una mera excusa para sumergirnos en una pesadilla de imágenes virtuales, de recuerdos soñados, en los que la identidad se diluye y la existencia pierde su sentido para los personajes. Me atrevo a decir que, si David Cronenberg es tremendamente riguroso, cerebral y hasta frío en el planteamiento de sus argumentos -y en su puesta en escena-, su hijo Brandon fabrica imágenes muy potentes desde planteamientos más emocionales: los personajes experimentarán estallidos de furia que llevan a explosiones de violencia extrema -el inolvidable grito de rabia de la protagonista en el clímax, por ejemplo-.

Tasya Vos (Andrea Riseborough) es una asesina a sueldo con una doble vida como esposa y madre, dos realidades incompatibles de las que intentará escapar incluso cambiando de género, al poseer el cuerpo de un niño pijo, mantenido, que trafica con drogas, Colin -estupendo Christopher Abbott-. Estos dos personajes acabarán fundiéndose en un estudio inquietante sobre la identidad que se expresa, como ya he dicho, sobre todo por la fuerza de las imágenes que fabrica Cronenberg: cuando Colin se pone una grotesca máscara de Tasya; los momentos de ‘nueva carne’ que parecen salidos de un cuadro de Francis Bacon; o la imagen final de dos cuerpos que intentan tocarse mientras los charcos de su sangre se unen, que recuerda a esa mariposa disecada que sirve como recuerdo para Tasya de quién es realmente.