7.3
Score

Cada vez tenemos menos paciencia con las máquinas. La generación que era capaz de estar un par de horas buenas grabando el casette recopilatorio perfecto, ya suele preferir que el algoritmo de Spotify le haga la selección supuestamente a su medida. En este nuevo paradigma no solemos dejar hueco para el fallo. Si nuestros artefactos se nos cuelgan, o si los servidores se caen, entramos en un estado de shock ansioso de difícil consuelo. 

Pixel 0 y Pixel 1 (creemos que son nombres falsos, pero no podemos decirlo con total seguridad) andaban trabajando en música nueva para un proyecto aún por definir, cuando la maquinaria más o menos potente que empleaban empezó a obsequiarles con uno de esos raros pero puñeteros fallos. Lejos de desesperarse, nuestros Pixels empezaron a ver el encanto de esos sonidos, así como las posibilidades que se abrían al incorporarlo dentro del mapa sonoro que estaban creando. Había nacido Pixel de Stael. Luego, claro, investigaron un poco sobre el tema y vieron que eso que habían “descubierto” ya conformaba un género en sí mismo, el glitch. Pues nada, bienvenida sea la teoría, pero el recién establecido dúo barcelonés no se iba a dejar llevar por la versión dogmática del glitch. Su idea fue hacer uso de lo que mejor sentase a unas composiciones que delatan un pasado no tan ligado a la electrónica y dan paso a un presente en el que lo orgánico, lo sintético y, por supuesto, lo fallido, bailan al son de una fórmula mucho más original y refrescante. 

Así, aunque lo primero que nos venga a la cabeza sea la posibilidad de una versión catalana y de bajo presupuesto de Kraftwerk, el descaro melódico del que suelen hacer gala hace que nos sea sencillo imaginar la fantástica “Si fuera por mí” en voz de Carlos Berlanga, que adivinemos riffs rockeros en “Quan em creuo un vell amic”, o que no veamos tanta distancia entre “Gats còsmics” y algún himno de Joe Crepúsculo. Dentro de su propuesta siempre original, adivinamos a una banda que, ante todo, cuida la esencia de sus canciones, y luego se divierte revistiéndolas como nadie de la escena nacional actual haría, todo ello sin dejar de lado el sentido del humor, tanto en lo musical como en lo lírico (aunque las letras, entre el catalán, el castellano o “cualquier lengua”, dejen más de una perla reflexiva en torno a nuestra relación con la tecnología y las redes sociales).

De no haber sido por la pandemia, Pixel de Stael se habrían estrenado en el Sónar. Estamos, por tanto, ante una consagración aún por tener lugar, porque nos da la sensación de que, si el público de ese festival hubiese podido comprobar cómo Pixel 0 y Pixel 1 ponen en escena este sugerente repertorio, con su parafernalia tecnológica, y con sus interesantes visuales, estaríamos hablando ya de una formación con un estatus más alto. Toca esperar, pero estamos seguros de que sus máquinas estarán preparadas para fallar en el momento adecuado.