¡El showtime antes del showtime! Pistol es la segunda joya de nuestra querida editorial Contra dedicada al mejor de los deportes, el baloncesto —por supuesto—, y de la mano del periodista y escritor Mark Kriegel nos trae la increíble historia de no solo un jugador legendario. Pete «Pistol» Maravich es todo un icono americano. Algo así como «el Elvis de la canasta».

Retirado cuando un servidor era un bebé y fallecido en 1988, nunca pude ver a Maravich en activo. Sin embargo, el «mito del pistolero» pronto llegó a los oídos de un servidor. El mejor manejador de balón de la historia. La máquina de anotar más imparable del baloncesto universitario. Un talento inagotable. Un mago, puro e impredecible espectáculo, cuya meteórica carrera sólo pudieron parar las lesiones una vez aterrizó en la NBA. Una de las figuras clave para elevar el basket a otro nivel, gracias a su habilidad y creatividad desmesuradas, convirtiéndose en una especie de fenómeno socio-cultural y estético. Yo creía que ya había tenido la oportunidad, gracias a vídeos y documentales, de comprobar hasta dónde llegó ese inigualable showman en la pista —por favor, dadle una verdadera utilidad a Google y alucinad con sus increíbles jugadas, siguen siendo tan increíbles hoy en día como entonces—. E incluso de saber que, tras tanta maravilla, hubo otra cara turbulenta, trágica. Pero después de leer esta adictiva biografía, admito que no tenía ni idea de lo que realmente había sucedido con Maravich. Para bien y para mal.

Y eso que, de primeras, la de Kriegel parece una de tantas biografías «comercialmente atractivas» y «moralmente edificantes» que saturan los centros comerciales. O la versión deportiva de una nueva entrega de Behind the Music, con su manida colección de clichés y su estructura arquetípica de ascenso-caída-ascenso-redención final —mientras más ves más bobos e intercambiables resultan—. Pero Pistol no es nada de eso. Para empezar porque aquí hay muy poco, por no decir ninguno, sesgo del autor. Cero hagiografía. Muy al contrario, es un trabajo altamente documentado, alimentado con las opiniones de innumerables personas que «estuvieron allí». Después, debido a que su autor tiene la clara voluntad de no «cargar las tintas», sabedor de que tiene entre manos un relato que es impactante, poderoso y conmovedor por sí mismo. Y, finalmente —y lo más importante— porque la historia de «Pistol Pete» es pura y sobrecogedora mitología americana con ribetes de «misterio sureño». Podría perfectamente ser un libro negro de Dirty Works o un nuevo hallazgo de la colección Al margen de Sajalín. Literatura del sueño americano y su pesadillesco reverso, con el bello «juego de Naismith» como telón de fondo.

Pistol es la narración de la obsesión y la frustración por un deporte que se convierte tanto en la alegría y orgullo como en la ruina de la familia Maravich. Y Mark Kriegel hace un trabajo inmenso al mostrárnoslo todo. Su libro es el retrato, complejo y volcánico, de la relación imposible entre un padre y un hijo, Press y Pete Maravich, Dédalo e Ícaro del baloncesto, condenados a comunicarse a través de un balón mientras el hogar familiar salta por los aires. Los métodos, tan innovadores como tiránicos, del progenitor-entrenador. Su ambición desmesurada en conseguir que su vástago no solo fuera el mejor, sino «lo nunca visto». El niño prodigio destinado a ser «el chico con el contrato de un millón de dólares», dinamitando cualquier tipo de expectativa, promediando la ridícula marca, jamás superada, de 44,2 puntos por partido en Louisiana State University (LSU)… ¡antes de que se crease la línea de tres puntos! La entronización fulgurante de un introvertido adolescente en leyenda. Un joven por el que, literalmente, construir estadios, su propia iglesia sureña. La estrella más rutilante que nunca aterrizara en la NBA…

…Y su peor enemigo. Porque Pistol es también la disección de la exagerada presión de ser un ídolo sin habilidades sociales, un icono mediático cuando apenas era capaz de comunicarse sin la pelota de por medio. La carga grotesca de ser «el mesías blanco» de un deporte de negros. El estigma de ser un genio de extravagante estilo individual en un deporte de equipo. La fama pésimamente llevada regada con alcohol y un ritmo de vida de estrella del rock excéntrica y caprichosa. Y las recurrentes lesiones, devastadoras cual crucifixiones públicas. Como si el storyboard lo escribiera el más retorcido de los guionistas o, ya puestos, Flannery O’Connor, una vez llegó a ser profesional para Maravich jugar al baloncesto, su refugio, se transformó en maldición.

Queda la prórroga del partido, donde la contienda aún depara un triple de giros inesperados —aunque más americanos que la comida insalubre— al lector: religión, muerte y legado. La naturaleza inmortal del mito persiguiendo y perdurando tanto entre las generaciones de aficionados y su familia, incluso después de la temprana muerte de Maravich. Por si no ha quedado suficientemente claro, Pistol es una lectura «de altura», incluso para los que no seáis aficionados —lo siento por vosotros— del baloncesto. Una grandiosa, faustiana biografía transformada en la más absorbente literatura.