Estrenada directamente en plataformas digitales, Pasajero oculto es una estupenda sorpresa en forma de homenaje al cine de género. Una misteriosa aviadora -fantástica Chlöe Grace Moretz– se embarca en un bombardero de la Segunda Guerra Mundial en una misión secreta con un misterioso paquete. La película es inteligente, con mucho ritmo, y grandes escenas de acción. Puro divertimento pulp, muy bien dirigido por Roseanne Liang. Pero quizás el nombre más importante es el del guionista, Max Landis, cuya tendencia al pastiche y al homenaje cinéfilo está muy clara: no solo al cine bélico, que sirve simplemente de trasfondo molón, sino al relato de Richard MathesonTerror a 20.000 pies -varias veces adaptado al cine y la televisión como episodio de The Twilight Zone– y a la mitología de los Gremlins, referencia, más que a la famosa película de Joe Dante, al cartoon de Bugs Bunny de los años cuarenta que define a estos bichos como saboteadores de aeronaves. 

La película lo tiene todo: un personaje -femenino- fuerte; un inteligente uso de la voz en off, ya que la protagonista se pasa la mitad del argumento en una torreta escuchando y apenas vislumbrando lo que ocurre a su alrededor; un tramo final trepidante de acción muy loca y divertida; y una criatura estupenda diseñada. Pero lo más curioso del film es su mensaje feminista, que llega incluso a entusiasmar. La protagonista debe enfrentarse al odioso machismo de sus compañeros de vuelo, para luego revelarse como una heroína de acción imposible. Un mensaje que puede ser problemático para las feministas ya que el guión lo firma el mencionado Max Landis, acusado de acoso y abusos sexuales. Eso sí, sabemos que Landis fue apartado del proyecto ante las primeras acusaciones y su texto sometido a varias reescrituras por la directora ¿Es ella la responsable de ese tono feminista?