Hablar de Palm Springs sin hacer spoilers me parece condenadamente difícil, por lo que, si aún no la has visto -está disponible en Movistar +- ve corriendo a hacerlo. Es una estupenda comedia, con elementos fantásticos, con un gracioso Andy Samberg y una Cristin Milioti ideal. La película retuerce las convenciones de la comedia romántica, de la que utiliza su escenario paradigmático y hortera -una boda- y que además consigue reflexiones más profundas que no suelen aparecer en este tipo de productos. 

A partir de ahora, estás avisada, analizo la película desvelando elementos de su argumento. Y es que la película parte de una idea estupenda: ¿Qué hubiera pasado si el protagonista del clásico Atrapado en el tiempo (1993) no hubiera conseguido escapar. La respuesta es Nyles -interpretado por el mencionado Samberg, que, como Bill Murray, es un exalumno de Saturday Night Live, un tipo descreído que, a fuerza de revivir el mismo día una y otra vez, se comporta como si un actor fuese el único que sabe que forma parta de una comedia. Lo mejor de la película es, quizás, ese dominio que muestra Nyles de la situación: la sincronizada coreografía que consigue en el baile de la boda es maravillosa, o también cómo ha dado con el discurso de boda perfecto. Hasta aquí estamos ante una puesta al día del clásico de Harold Ramis, pero, como una secuela no oficial, el guión de Palm Springs firmado por Andy Siara complica las cosas al hacer que el interés romántico de Nyles, Sarah (Milioti), sea consciente y partícipe del bucle temporal. Esta idea, que puede parecer inclusiva y feminista, permite, en realidad, algunas ideas sobre las relaciones de pareja, que, sin embargo, no son exploradas del todo. Mencionemos aquí también a un fantástico tercer personaje, interpretado por un maravilloso J.K. Simmons, cuyo rol en la historia no desvelaré. 

Con estos elementos, el argumento opera a varios niveles temáticos. El más obvio, es el desenmascaramiento de la hipocresía social. En una boda, todo debe parecer ‘perfecto’, los novios serán agasajados como personas ideales y su relación como la cumbre del amor romántico. Por supuesto, nada de esto es cierto, y Palm Springs hace comedia desvelando estas falsedades. Por otro lado, la cinta dirigida por Max Barbakow cae en el esquema convencional de la nueva comedia americana: el protagonista masculino es un tipo inmaduro que, a través del amor, dará los pasos necesarios para aceptar las responsabilidades de la vida. Nyles dice estar de vuelta de todo tras quién sabe cuánto tiempo está atrapado en el bucle temporal, pero en realidad se siente cómodo y se comporta como un niño, jugando cada día y aprovechando que sus actos no tienen consecuencias. Una postura falsa, por otro lado, ya que Sarah pondrá en evidencia que el nihilismo y las supuestas transgresiones de Nyles no son más que gamberradas inocuas. Donde la película brilla es en su tema más profundo y existencialista. Si partimos de que la vida no tiene sentido ya que el final irremediable es la muerte y no creemos en una trascendencia del alma, llegaremos a la conclusión de que todos los actos, moralmente, son iguales. Nada importa y todo está permitido. 

Lo que propone Palm Springs en tono de comedia es que la inmortalidad también despoja de sentido a la existencia. Revivir el mismo día una y otra vez, como el Sísifo según Albert Camus, es un esfuerzo inútil. Nyles aprenderá, gracias a Milioti, que debe encontrar un sentido propio a la existencia, pero no conformarse con estar atrapado. Ideas muy estimulantes que redondean una película que puede ser un pequeño film de culto en los próximos años.