Aprovechando el espectacular reguero de galardones y nominaciones que está cosechando Nomadland —Globos de Oro a mejor película dramática y directora, nominada a seis Oscars—, recupero la obra en la que se basa. Me refiero a País nómada. Supervivientes del siglo XXI, de la periodista Jessica Bruder, publicado por Capitán Swing el pasado otoño. Una crónica surrealista, desoladora y, sobre todo, elocuente, de una forma de vida consecuencia de la inmisericorde versión actual del neoliberalismo en EE.UU. La de sus autocaravanistas forzosos, nuevos expulsados del «Sueño Americano».  

Nacida en Clifton, New Jersey, Jessica Bruder es licenciada en inglés y francés por el Amherst College y máster en periodismo de la Columbia Journalism School, donde enseña escritura narrativa. Especializada en subculturas, Bruder ha escrito para The New York Times, WIRED, New York Magazine, Associated Press, Blender, The Washington Post o Harper’s. Promotora creativa desde el Madagascar Institute y las Flaming Lotus Girls, antes de embarcarse en el proyecto de País nómada, publicado originalmente en 2017, escribió Burning Book, sobre el festival Burning Man. 

Pero nada comparado con País nómada. Resultado de tres años de trabajo y 15.000 millas de viaje por todo el país en caravana —«Halen», en honor a Van Halen—, además del breve documental CamperForce junto a Brett Story, antecedente directo de Nomadland. Periodismo gonzo para documentar la existencia errante e incierta de miles y miles de estadounidenses. Ahogados por alquileres, hipotecas o deudas médicas. Sin red de seguridad, ni ahorros ni pensiones. Empujados definitivamente a la carretera por la crisis —corrijo, estafa— del 2008. Condenados a la itinerancia y la precariedad, encadenando míseros e inhumanos trabajos temporales. 

Bruder expone con diáfana claridad la realidad de estos migrantes trabajadores, con frecuencia entrados ya en la tercera edad —pavoroso—, obligados a subsistir con la vivienda a cuestas a tiempo completo. Su análisis proactivo, sumamente práctico, es de lo más completo. Nos ofrece los datos, esperables, tras trabajos basura, condiciones deplorables y vida sobre ruedas. Pero va más allá, llevándonos a los peligrosos campos de remolacha de Dakota del Norte, los campamentos del National Forest de California, cara siniestra del turismo. O el programa CamperForce de Amazon en Texas, epítome cruelmente perfecto —si seguís comprándole a Jeff Bezos tras leer sobre su sombrío almacén infinito y escaneo de productos no tenéis alma— de un sistema grotescamente —atentos al lenguaje workamper— perverso. 

Además, dicho enfoque se apoya en el estrecho contacto de Bruder con estos temporeros motorizados, especialmente siguiendo el periplo de Linda May, verdadera protagonista, lo que humaniza sobremanera la obra. Porque País nómada también nos habla del surgimiento de una creciente comunidad, de hecho emparentada con una idiosincrasia y tradición contracultural plenamente norteamericanas. Su versión siglo XXI es frágil, quebradiza, incluso asediada por las autoridades —algunas leyes parecen surgidas de Boxcar Bertha y la lucha antihobo en era Roosevelt—. No obstante, también se muestra orgullosa —no se consideran «sintecho», son «sin casa»— y viva, como ejemplifican esos recursos compartidos, in situ u online, o las singulares reuniones de «vagabundos» en pleno desierto de Arizona. 

Y es que la pléyade de personajes a quiénes Jessica Bruder conoce en su singular investigación muestran la resiliencia del ser humano frente a la adversidad. En las antípodas del tradicional relato redneck, País nómada no es una historia sobre paletos, adictos ignorantes abocados a un destino tan predecible como funesto. Sino de personas con ganas de pelear, sacar la cabeza, formar parte de algo —uno no le pone «Rubber Tramp Rendezvous» a un encuentro de chichinabo—. Y, en el caso de la irreductible Linda May, dar forma a su propia visión vital, tras la que se configura una sólida ideología ecologista y no consumista. No se han rendido. La empresa es titánica, pero aún queda mucha batalla por librar.

En definitiva, estamos ante un soberbio ejercicio periodístico. Ágil y cercano —impecable labor de traducción de Mireia Bofill Abelló—, con su combinación de vivencia personal salpicada de datos. Fiero en la denuncia sin caer en lo discursivo. Revelador como pocos. Cuán falso es el mantra de «la tierra de las oportunidades». Y cuán necesario sería que los de la serpiente tuitera o los creadores de eslóganes lamentables como «socialismo o libertad» leyerán este libro. Adalides del precariado, su versión de la libertad se parece mucho a la esclavitud reflejada en estas páginas. Servidumbre a la que País nómada responde con riguroso realismo… sin renunciar a la esperanza.