Ya os habréis dado cuenta de que las grandes sagas cinematográficas -sobre todo las de los años 80- se han actualizado con nuevas versiones en los últimos años: la rejuvenecida tripulación de la Enterprise en Star Trek (2009); el hijo de Apolo Creed que se pone en manos de Rocky (Sylvester Stallone) en Creed (2015); actores más jóvenes corren delante de los dinosaurios en Jurassic World (2015); el cazador implacable (Ryan Gosling) que busca a Harrison Ford en Blade Runner 2049 (2017); por no hablar de que Godzilla y King Kong han cambiado el traje de goma y el stop motion por lo digital en películas que aspiran a inaugurar nuevas franquicias.

Pacific Rim (2013) ha comprimido ese mismo proceso de décadas en apenas 5 años. Tras la película de Guillermo del Toro, esta secuela se presenta como un remake-reeboot inmediato: solo han pasado 5 años para narrar prácticamente lo mismo, si bien la original parecía ya una secuela de una historia sin contar. Aquí, algunos actores de la primera entrega le pasan el testigo a unos adolescentes. Protagoniza el emergente John Boyega -como Jake Pentecost, hijo del personaje de Idris Elba en la anterior- que ya ha sido el relevo generacional en Star Wars como Finn, reemplazando a los Han Solo y Luke Skywalker. Boyega, sin embargo, aquí se nos hace mayor, sirviendo de joven mentor a la casi infantil Amara Namani -la debutante Cailee Spaeny-. Así, esta secuela se propone como una ejecución mucho más directa y luminosa del concepto propuesto en el juego de referencias que hacía el cinéfilo Guillermo Del Toro -que debe haberse visto todo Godzilla y Mazinger Z (mecha este que, por cierto, acaba de volver también a los cines)-. En esta secuela hay más peleas, más acción espectacular de videojuego -el manejo de los robots gigantes se expresa así- y algo menos de desarrollo de personajes y coartadas emocionales. La protagonista ahora es una niña que ha crecido siendo fan de la película anterior -se conoce al dedillo los nombres de los Jaeger, como mi hijo se sabe los Transformers– y que no representa otra cosa que a los millennial, esos que han heredado el marrón de un mundo contaminado y dirigido por políticos corruptos, que encima no tienen la confianza de sus mayores, que les suponen apáticos niñatos sin oficio ni beneficio. No es casualidad que el cadete ruso se anime con la música viral del youtube del “Trololo”. Un “épico” discurso de Boyega le dice a estos jóvenes que ha llegado su momento de salvar el mundo y de ser héroes como lo fueron Stacker Pentecost, Koji Kabuto o Luke Skywalker. Nos hacemos mayores.