Onward

Fantasía de andar por casa

Desde su posición como estudio referente en la animación mundial, Pixar sigue explorando la pérdida como la emoción rectora de nuestras vidas. La muerte, de una u otra forma, es la clave de películas recientes como Coco (2017), pero el paso del tiempo y las separaciones que conlleva también ha estado presente en Toy Story 4 (2019), Cars 3 (2017) y hasta Del revés (2015), y remontándonos hasta Toy Story 3 (2010). En Onward, la muerte del padre de los protagonistas imprime un tono melancólico en una historia de aventuras y fantasía.La idea del film surge de la vivencia real del director Dan Scanlon –Monsters University (2013)- y el resultado es una cinta con un fuerte componente emocional.

Onward tiene, quizás, un problema y es que no se puede resumir en una frase. Su concepto es complejo porque requiere explicar el universo en el que ocurre la historia -un mundo como el nuestro, pero habitado por seres fantásticos como elfos, unicornios y trolls-; luego debe contarnos la historia de esos hermanos que han perdido a su progenitor y, por último, lo más difícil, sostener el motor del argumento, que es decididamente peculiar: el padre de los protagonistas revivido solo en sus extremidades inferiores. Onward no se puede reducir a una idea reconocible como ‘lo que hacen los juguetes cuando no los vemos’; o ‘cómo serían nuestras emociones si fuesen personajes animados’ o ‘lo que pasa después de la muerte’. Pero, aunque no hay un concepto claro, el talento y el oficio de Pixar hace que todo funcione. 

El mundo fantástico en el que ocurre la historia está resumido con una primera secuencia de ejemplar concreción narrativa, marca de la casa, y es una fuente constante de divertidos gags que reflejan el nuestro -¡Esas hadas moteros!- con un sentido del humor que recuerda a El desencanto en una versión apta para todos los públicos. El conflicto entre los hermanos, y el coming age del protagonista, Ian Lightfood (Tom Holland), es humano y honesto -aunque sencillo-. Las piernas del padre se convierten en otra fuente de chistes visuales -a lo Este muerto está muy vivo (1989)- pero también aportan momentos inspirados y emocionantes al mostrar cómo se comunica el padre con los pies. La magnífica y colorida animación, realmente espectacular pero también cálida, mantiene la cohesión del conjunto; el dinámico guión de estructura clásica -cumple a rajatabla los tres actos y los famosos puntos de giro- se mantiene sencillo y lineal, pero no deja puntada sin hilo. Unos personajes simpáticos, aunque quizás no memorables, cumplen su función de implicar al público emocionalmente. Lo mejor para mí, ese punto friki de fantasía, con referencias que van de las portadas de los discos de un grupo de Heavy Metal, pasando por Harryhausen y hasta los dragones y mazmorras de una partida de rol.