8.0
Score

Final Verdict

Oh Boland nos dejan un tercer trabajo de lo más contagioso en el que su punk se adentra en terrenos más propios del indie-rock de los noventa. Y la verdad es que consigue que estas dos facetas se fusionen a la perfección.

Niall Murphy, que no es otro que el artista que se esconde tras el nombre de Oh Boland, editó su álbum de debut en 2016, y se podría decir que, desde entonces, no ha parado. Ya sea girando junto a bandas como The Undertones o Parquet Courts, o directamente formando parte de ellas durante un corto periodo de tiempo. Algo que ocurrió con una gira de Protomartyr por Irlanda. Además, tuvo tiempo de editar un segundo trabajo en 2022. Y ahora vuelve con un tercer trabajo que supone un cambio de sonido para su propuesta. Ya que, en sus primeros años de carrera, lo suyo se basaba prácticamente en el punk. Algo que sigue ahí, pero ahora también hay sonidos más indie-rock y pop. Además de un cierto toque country de vez en cuando.

Western Leisure’ es un disco que Murphy lleva varios años preparando. Además, se lo ha producido él mismo, así que se podría decir que es uno de esos trabajos en los que el artista pone toda su alma. Quizá, por eso, es más ecléctico que los anteriores trabajos de Oh Boland, ya que nos presenta una colección de canciones que beben de muchas influencias. De hecho, confiesa que quería hacer algo parecido al extenso y ambicioso ‘Wowee Zowee’ de Pavement. Aunque también se ha dejado llevar por la extensa discografía de Arthur Russell y el ‘Rock Bottom’ de Robert Wyatt. Eso en cuanto a composición, porque, en lo que se refiere al sonido al sonido del disco, Big Star son su mayor influencia.

El tercer disco de Oh Boland empieza como si nada hubiera cambiado. “Grass Walls”, su tema inicial, es uno de esos cortes de punk con sabor a pop que te enganchan a la primera por su combinación de potencia y melodía. Además de por uno de esos estribillos para corear hasta quedarse afónico. Pero lo cierto es que, ésta, no es la tónica del disco. Tan solo acelera su propuesta otra vez en “A Power of Wides”, otro corte para desbarrar cómodamente. Los otros temas que se acercan al punk lo hacen de forma diferente. Ahí tenemos el estupendo “Here Comes the Order of Malta”, al que se le puede poner, con muchas pegas, el “post” delante. Y si nos vamos a “The Cult of a Western Rail Corridor”, vemos que no tiene problema en darle oscuridad y meter algo un órgano que otro.

No hace falta que jure que Pavement han sido una de las influencias de este disco. Solo hay que ponerse un tema como “(No More) Soft Talk”, el cual se va sin remilgos a ese indie-rock de los noventa algo juguetón y saltarín. Y la verdad es que se le da maravilla. O “Bishop St.”, en la que se saca de la manga unas guitarras de lo más noventas. Algo que también ocurre con la estupenda “Spectatoring”, en la que incluso se permite cantar, y desafinar, al más puro estilo Stephen Malkmus. Pero ojo, porque la gran sorpresa del disco llega con el tema principal. Aquí es donde entran en juego los sonidos country que comentaba más arriba. Aunque eso sí, como en casi todo el disco, se va a ellos de la forma más festiva. Lo que hace que estemos ante uno de los trabajos más entretenidos de 2024.