Abrieron los jovencísimos Grushenka que, con apenas veinte años, ya cuentan con un EP y con un disco. Lo suyo es el noise, pero también se acercan a Manchester, sobre todo a New Order. El teclado tiene un gran protagonismo en sus canciones, y lo pudimos comprobar a las primeras de cambio, con una espectacular y compacta Intro. No tenían mucho tiempo, así que fueron directamente al grano. El segundo tema fue Técnicas Subversivas, una de sus canciones más famosas, que da titulo a su largo. Fue curioso comprobar cómo le dan protagonismo a la voz de su cantante, algo que no es habitual en este tipo de bandas. Para mi gusto han acertado, ya que el cantante se defiende bien y no necesita esconder sus voz tras un muro de guitarras y teclados. Tocaron a toda velocidad, y canciones como Punset ya me lo dijo o Mi estrategia vital, pasaron volando y casi sin que nos diéramos cuenta. Además, sonaron de lo más rabiosas.

Su gran momento llegó a mitad de concierto, cuando tocaron Gira Peninsular, un nuevo tema absolutamente manchesteriano, para el que se han currado una letra vengativa (“que nos vamos de gira por toda España, a conocer otras chicas mucho más guapas que tú”), muy al estilo de J, de Los Planetas. Los granadinos son una de sus referencias más evidentes, y no podía faltar su versión de Señora de las alturas, que acaban de publicar. La verdad es que la hicieron muy bien, dándole un toque más psicodélico y menos flamenco, y por lo menos a mí, me vinieron a la mente Los Planetas de “Unidad de Desplazamiento”. Tampoco estuvo nada mal el final de su concierto con Ese gran lunar de tu espalda y Será algo imposible, que remataron una actuación notable, de una banda que tiene mucho que decir.

La última vez que tuve la oportunidad de ver a Odio París, fue en la Sala Siroco, en una fiesta de El Genio Equivocado, también junto a Grushenka y con los madrileños Cosmen Adelaida (por cierto, estaban en la sala viendo a sus compañeros de sello). Allí el sonido les jugó una mala pasada, y no consiguieron que sus canciones dieran de sí todo lo que podían. Afortunadamente, eso no pasó en la pequeña sala del Café Berlín, donde el público casi estaba encima del escenario. Los de Barcelona ya llevan un tiempo girando con su primer trabajo, y tras abrir su concierto con Nada más lejos (la cara de B de su primer single) y una coreada Don de Traci, ya nos ofrecieron un tema nuevo llamado Alex Roses (no sabemos si es el título definitivo).  En él, siguen la misma línea que en su debut, es decir, guitarras furiosas y contundentes al servicio de buenas melodías, y un teclado juguetón. Tras Infierno y un problema con una guitarra (tuvieron que tocar el resto del concierto con la del líder de Grushenka), llegaron dos de sus mejores temas: San Antonio y Cuando nadie pone un disco, que terminaron por convencer al público más escéptico. Salvé el televisor fue el tema extra que metieron en la edición en vinilo de su disco, pero está muy lejos de ser un descarte más, y en directo funciona. Tras este tema tocaba un trío de hits, y los elegidos fueron Ya no existes, Volver y Enséñame. Estas tres canciones ya formaban parte de su primera maqueta, y no sé si será por todo el tiempo que las llevan tocando, pero sonaron contundes y compactas. Todavía había tiempo para ofrecer al público una nueva, llamada provisionalmente Canción de amor para enterradores, que dejó muy buenas sensaciones. Pero la gente quería algún hit más, y ahí estaban Ahora sabes y una grandiosa 1 de noviembre para terminar uno de sus mejores bolos. Como bien dijeron ellos, estos conciertos sólo pasan en Madrid.

Fotos: Adolfo Añino

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