Al hablar del disco de debut de Núria Graham, caíamos en la tentación de mencionar su juventud como un valor a considerar. No porque hubiera que aplicarle ninguna condescendencia, sino porque no es normal encontrarnos con un talento tan bien encaminado que aún no se haya estrenado en la veintena, y menos en el panorama independiente español. Ahora que la vigitana ha superado con nota el escollo del segundo disco, ya no nos quedan excusas ni argumentos: Nùria merece ser tratada como una grande al margen de su edad y de su nacionalidad.

Does it ring a bell” es un disco de artista que tiene las cosas muy claras, que no necesita escudarse en grandes trucos de producción ni en instrumentaciones atípicas para sorprendernos y sostener nuestra atención durante las diez cancionacas que contiene. De hecho, estamos ante un trabajo aparentemente más simple que “Bird Eyes (2015), donde Nùria se ciñe prácticamente a un sonido de guitarra y a la formación de músicos que llevan tiempo flanqueándola (Jordi Casadesús al bajo, Aleix Bou a la batería y el recientemente incorporado Artur Tort al bajo). Eso da a todo un sonido cohesivo, pero que a la vez está ten bien construido y desarrollado que da una sensación de variedad y movimiento a lo largo de todo el disco. Un factor importante a tener en cuenta, es que el trabajo de guitarras Graham es tan merecedor de halagos como su ya reconocido talento vocal y compositivo. Rasgueando o arpegiando, buscando afinaciones alternativas y la dinámica adecuada para cada compás, nos va llevando por un mundo que ya poco tiene de ese indie-folk con el que alguien se vio tentado a involucrarla en el pasado.

Si hemos de incluirla en alguna escena, a Nùria podríamos codearla con la nueva oleada de cantautores atípicos que al mismo tiempo son grandes exploradores de las posibilidades de la guitarra eléctrica, gente como Ryley Walker, Mac DeMarco, Kevin Morby o Steve Gunn.

Desde el rostro sosegado e inocente, rodeado de flores y fruta de la portada, la artista nos ofrece un engaño final en consecuencia con la calidez de su voz. No todo aquí es tan sano y prístino como puede parecer. Estas canciones nacen de amores viciados, de experiencias en bares y hasta de experiencias lisérgicas (más allá de lo explícito de su título, ‘Morphine’ es particularmente venenosa). Todo forma parte de esta Núria Graham plenamente madura, tenga la edad que tenga, a la que simplemente nos toca disfrutar y desear que tenga una carrera tan larga y meteórica como apunta.