Normal People

El gran amor

¿Qué puede impedir que dos personas que se quieren no estén juntas? Como toda historia romántica, la dinámica de Normal People se basa en mantener separados a sus protagonistas, a pesar del amor que se profesan. Nada nuevo. Pero lo que hace muy bien esta serie producida por la BBC y Hulu, es mantener los motivos de la separación dentro del terreno de lo plausible. Marianne y Connell no están juntos por razones que vemos diariamente, por decisiones que se toman continuamente, porque el amor no es lo más importante en el mundo real.

Basada en la novela de Sally Rooney, lo que hace especial esta ficción es el cuidado que se ha tenido en el diseño de sus personajes, interpretados por los carismáticos Paul Mescal y Daisy Edgar-Jones. Él es alto y atlético, pero consigue hacernos creer que puede ser brillante. Ella, a medio camino entre Audrey Hepburn y Anne Hathaway construye a una chica más inteligente de lo deseable si vives en un pequeño pueblo de paletos.

Una pareja absolutamente ideal, de la que nos enamoramos viendo la serie, pero bajo cuya piel se esconden dos seres humanos corrientes, atenazados por las inseguridades y los traumas.

Si algo hace bien Normal People es mostrarnos la evolución de unos jóvenes inocentes en adultos desencantados, frustrados, que han incorporado elementos muy oscuros a sus personalidades en ese proceso que llamamos madurez. Esta evolución es fascinante y encima está narrada en episodios de 25 minutos, de asombrosa concreción narrativa.

Cada capítulo hace avanzar la historia del amor entre Marianne y Connell, claro, pero también mantienen una unidad narrativa que se cierra de forma satisfactoria para el espectador.

Lo mejor de Normal People pueden ser sus guiones, firmados por la propia Rooney, pero también por Alice Birch -guionista de Lady Macbeth (2016) y Succession-. Son guiones que dependen muy poco de los diálogos, algo raro en una serie de televisión y todavía más extraño en una ficción de corte romántico, en la que las escenas ’emocionantes’ suelen ser sinónimo del lacrimógeno monólogo de un actor expresando los sentimientos de su personaje.

Aquí los protagonistas son enigmas, se mantienen en el misterio, tanto entre ellos mismos, como para el espectador. Un enigma apasionante que se va resolviendo poco a poco y que, si lo pensáis bien, forma parte del juego del amor: eso que escondemos para parecer más atractivos, eso que escondemos para que no nos hagan daño.

La narrativa de la serie es eminentemente visual, debemos estar atentos a las miradas, a los ojos que buscan el suelo por timidez, a una mano que no se atreve a coger la del otro. Nada menos que Lenny AbrahamsonLa habitación (2015)- y Hettie McDonald -con amplia experiencia televisiva, como Doctor Who– son los encargados de un apartado visual elegante, que embellece los escenarios sin restarles cotidianidad, capaz de hacernos recordar a la magnífica Call Me By Your Name (2017), en un episodio situado en Italia.

Esta serie está repleta de planos que no son narrativos, pero sí expresivos: de la nuca de Marianne con el pelo recogido, de sus hombros, de sus manos, de los labios de Connell, de su sudor tras jugar un partido de rugby. 

Normal People busca lo sensorial, evocar el tacto, el sabor de un polo chupado en una tarde de verano. Y por supuesto, el sexo. Hay muchas escenas de sexo en esta serie, pero como pocas veces nos las han presentado. No son un aliciente para el espectador caliente, sino momentos de comunión entre los protagonistas, en los que expresan de verdad el amor que sienten. Porque Connel y Marianne no hablan demasiado, y cuando lo hacen, no se entienden. Bajo las sábanas, piel con piel, sí que hay comunicación. 

Normal People pone cachondo, pero también, oprime el estómago en los momentos tristes, y llena de aire los pulmones en los instantes de felicidad. Es una serie que hace sentir y quizás, la mejor del año.