Creo que el sentido de No te preocupes, no llegará lejos a pie se revela cuando el protagonista, John Callahan, un alcohólico condenado a una silla de ruedas que busca abrirse camino como humorista gráfico, manifiesta su intención de dibujar una viñeta sobre dos miembros del racista Ku Klux Klan, que no los retrate como “el mal encarnado”, sino que refleje el lado humano que seguramente también tienen. Esta idea expresa mejor que nada el emocionante viaje vital de Callahan, abandonado por su madre, refugiado toda su vida en una botella, y que un accidente ha dejado paralizado de cintura para abajo y completamente dependiente. Superar todos esos obstáculos, reconciliarse con la vida cuando has sufrido tantos percances y cometido tantos errores, necesariamente lleva a un estado espiritual que permite perdonar a todos, entender a todos, incluso a ese mal encarnado por el Ku Klux Klan. Y la mención de estos supremacistas de raza blanca no puede ser casual en los tiempos que corren, con un señor como Donald Trump en la Casa Blanca.

Sé que en el análisis del cine estadounidense de los últimos meses se recurre, seguramente demasiado, a relacionar cualquier propuesta con el clima de crispación generado por el multimillonario convertido en presidente. Pero creo que la película de Gus Van Sant habla, en parte, de cómo se han radicalizado las posturas ideológicas, políticas, ¡futbolísticas! en todo el mundo. Las reacciones furibundas a las viñetas publicadas por John Callahan, políticamente incorrectas y al mismo tiempo cándidas, son probablemente un comentario sobre el terreno perdido en cuanto a la libertad de expresión, que conocemos bien: la que nos puede caer aquí por un simple tuit. En la película -y en la vida real- Callahan se mete con todo el mundo, valiéndose de su sentido del humor provocador, porque está de vuelta de todo. Porque está vivo de milagro. Lo que nos cuenta este film, de forma espléndida, es justamente ese proceso, en el que el personaje -real- interpretado por un fantástico Joaquin PhoenixEn realidad, nunca estuviste aquí (2017)- supera sus traumas vitales, con mucho esfuerzo, hasta llegar a esa especie de estado de gracia en el que se puede mirar con buenos ojos, incluso, a uno del KKK. Acompañan a Phoenix una divertida Rooney MaraA Ghost Story (2017)- que se hace la sueca, un sorprendente Jonah HillEl lobo de Wall Street (2013)-, el Jack Black de siempre –Rebobine, por favor (2008)- y caras variopintas en el entrañable grupo de terapia de Callahan, como el veterano Udo Kier, Beth Ditto de The Gossip y la mítica Kim Gordon de Sonic Youth.

No te preocupes, no llegará lejos a pie muestra a un Gus Van Sant en pleno dominio del oficio cinematográfico, relatando con sencillez una historia emocionante, profunda y muy divertida, que nunca deriva al melodrama. Se adivina que los años que ha estado desarrollando este proyecto -era una idea de Robin Williams, que quería protagonizar- le han permitido al director madurar la idea hasta llegar a su esencia. Como esa viñeta, que Callahan va desarrollando durante gran parte del film, en la que llega a la conclusión de que debe agradecer a todos, a absolutamente todos, los que han influido, para bien o para mal, en su vida.