¿Quién no se pone nervioso, aunque no haya roto un plato en su vida, cuando un policía le para? Al sentimiento de culpa del inocente dedicó buena parte de su filmografía Alfred Hitchcock, un tema que utiliza hábilmente la película No matarás, dirigida por David Victori. En ella, Dani (Mario Casas) es un joven responsable, correcto y sacrificado que se enfrenta a la incógnita de lo que será su vida tras la muerte de su padre, al que ha estado cuidando en su enfermedad. Ante Dani se abre un primer camino, el de embarcarse en una merecida aventura: dar la vuelta al mundo. Pero este ‘buen chico’, en el fondo, prefiere que todo siga igual, porque se siente culpable. No matarás es un cuento moral: cuando Dani cede a la prometida aventura aparece la tentación, Mila (Milena Smit), que lo llevará de la mano en un descenso a los infiernos. El guión del propio Victori -y Clara Viola y Jordi Valleja– someterá al protagonista a todo tipo de pruebas hasta llevarle al límite. ¿Cuándo una persona decente deja de serlo? 

No matarás es un thriller que parece mezclar ¡Jo, qué noche! (1985) y Algo salvaje (1986), cuya mayor virtud es la tensión constante que sabe imprimir Victori con su puesta en escena. Su cámara se pega a los hombros de Mario Casas, como el peso de la culpa de su personaje, y nos introduce en su perspectiva aterrada ante todo lo que le ocurre. La gran herramienta de Victori es el plano secuencia, que utiliza en al menos tres ocasiones, en momentos clave para la transformación del personaje que encarna Casas, justamente nominado al Goya. Ese ‘buen chico’ que es Dani representa a todos los que cumplen las normas, pagan sus impuestos, se dejan abusar por los compañeros de trabajo, pero no lo hacen por rectitud moral, sino por miedo y, de nuevo, por sentimiento de culpa. Los demonios de lo desconocido, de la noche, de los tatuajes, del alcohol, el tabaco y las drogas, están encarnados por una magnética Milena Smit y un rabioso Fernando Valdivieso, ambos nominados también al Goya.