No digas nada, Patrick Radden Keefe (Reservoir Books, 2020)

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Os avise. El conflicto norirlandés, concretamente el período de violencia armada conocido como «los Troubles», iba a reaparecer en esta sección —¿puede que no sea la última?—. A Milkman, hace ya un año, y Los incendiarios, el mes pasado, hoy se le suma No digas nada, del escritor y periodista de investigación estadounidense Patrick Radden Keefe que nos trae Reservoir Books. Un soberbio ejercicio de no ficción literaria que consigue traernos el drama del Ulster de forma accesible y emocionante sin renunciar ni a la crudeza ni al rigor histórico.

Nacido en Dorchester, Massachusetts, en 1976, Radden Keefe es periodista en plantilla del New Yorker, además de haber publicado artículos en el New York Times Magazine, Slate y del New York Review of Books. En 2014 obtuvo el National Magazine Award en la categoría de crónica por A Loaded Gun, premio del que fue finalista en la categoría de reportaje los dos años siguientes. Ha escrito tres libros de no ficción: Chatter, en 2005, The Snakehead, en 2009, y No digas nada el pasado año. Finalista del National Book Award, ganador del National Book Critics Circle Award y el Premio Orwell, el libro ha sido saludado no solo como una de las lecturas imprescindibles de 2019 en el terreno de la no ficción, sino de toda la década. Y con razón. 

Porque No digas nada reúne lo mejor de dos mundos en una obra definitiva de periodismo narrativo. Los cuatro años de labor de Patrick Radden Keefe brindan un texto concienzudo, que se nutre tanto de las decenas de testimonios cruciales como de la investigación exhaustiva —centenar de páginas de notas inclusive—. Pero no temáis, ya que el libro se disfruta como un absorbente thriller —ayuda la ágil traducción de Ariel Font Prades— de raíz política y voluntad histórica, propulsado por el true crime que lo origina y la cantidad de subtramas, cabos sueltos y, especialmente, factores humanos que el lector se ve impelido a recorrer. 

Ese crimen fundacional de No digas nada es el secuestro y asesinato de Jean McConville, viuda de treinta y ocho años madre de diez hijos, residente de la zona católica de Belfast. Acaecido en diciembre de 1972, ese era el desquite habitual del IRA en la época más dura de los Troubles ante quienes consideraba soplones. Un magnicidio que no comenzó a resolverse hasta 2003, cuando los acuerdos de paz del Viernes Santo eran parte de la compleja nueva realidad norirlandesa. Esas tres décadas —más antecedentes y fechas ulteriores— son el arco temporal del libro. Y el detonante de una crónica cuasi holística del conflicto. 

Belfast Oeste durante los Troubles, con los icónicos Divis Flats de fondo. Foto: Jez Coulson.

Y es que en No digas nada Radden Keefe radiografía las entrañas, cuitas —estratégicas, morales, ideológicas— y evolución de las milicias republicanas y varios de sus protagonistas centrales, así como la transformación de su otrora brazo político, el Sinn Féin, clave en el desenlace del conflicto a partir de la huelga de hambre liderada por Bobby Sands en 1981. También nos muestra las argucias —algunas, el terrorismo de estado da para mucho más— y la represión británica. Falta el bando lealista —el propio autor justifica su ausencia y sugiere una ingente cantidad de lecturas complementarias—. Pero el análisis histórico, político y militar, sobre todo del IRA, no podría resultar más completo y apasionante. 

No obstante, eso es apenas la mitad del libro. Hay mucho más que destacar. No digas nada aborda con pasmosa enjundia las repercusiones sociales de la violencia. Patrick Radden Keefe disecciona esa región fracturada, con una Belfast dividida geográficamente, en el que las paredes escuchan, y el terror lo puede generar tu vecino. Tampoco se olvida de la otra lucha, la del control del relato y la VERDAD —o verdades, oficiales u oficiosas, siempre incompletas—, que exige complicidades dentro y fuera de las fronteras de la «Isla Esmeralda» —clave la poderosa diáspora irlandesa en EE.UU.—, o defenestra y crea nuevos agravios a medida que la contienda cambia de fase, lo que pone en jaque la búsqueda de justicia o hace zozobrar el proceso de paz. En definitiva, una desbordante y REAL historia de violencia.

Finalmente, y pese a haberlo apuntado hace un par de párrafos, debo reiterar lo excepcional del retrato de, al menos, un trío de figuras centrales del conflicto, convertidos en apasionantes personajes literarios de No digas nada. Me refiero, claro está, a Brendan Hughes y Dolours Price —asimismo, aunque en segundo plano, su hermana Marian—, miembros capitales del IRA, implicados en varios de sus episodios más cruentos, incluido la ejecución de Jean McConville en el caso de Price. A través de ellos, Radden Keefe, nos habla de la abnegación fanática, la clandestinidad, la fama y atracción mediática, la difícil reinserción en la «vida normal», los dilemas morales, o la frustración, el vacío de quienes el proceso de paz dejó atrás. 

Patrick Radden Keefe respeta la inteligencia del lector y presenta a estos seres humanos en toda su complejidad y contradicción frente a situaciones extremas —ojalá pudiéramos adoptar ese necesario enfoque aquí al tratar temas tan sensibles—. Personas que no pueden encorsetarse en blancos y negros. Es el caso del «pez más gordo» y fascinante, Gerry Adams, líder del Sinn Féin. Mitad encantador de serpientes, mitad férreo general al mando pese a sus amables modales. Político en el sentido más malicioso, ambiguo superviviente con más de siete vidas y, a la vez, positivo, visionario negociador. Las manos más que probablemente ensangrentadas, sin embargo, indiscutible actor esencial en la consecución de la paz en el Ulster. Que cada uno saque sus propias conclusiones.    

La cantidad de alicientes que alberga No digas nada en su interior resulta apabullante. El sorprendente equilibrio entre el caso particular o los perfiles individuales y el conflicto en toda su magnitud. O entre el ensayo profusamente documentado y el relato de suspense que busca la resolución de un crimen. La profundidad de la crónica sin perder el pulso narrativo. El tremendo dibujo de una sociedad todavía quebradiza. Lo incisivo sin perder la imparcialidad de su análisis acerca de la violencia sistematizada. Lo pertinente que resulta en esta era de estúpido hooliganismo, «de bandera», en la política. Sin duda, una de las lecturas del año.