8.3
Score

Final Verdict

Que Nick Cave y Warren Ellis hayan compuesto las ocho canciones de 'Carnage' en apenas dos días, da una idea de lo bien compenetrados que están estos dos artistas, porque estamos ante uno de los discos más hermosos y desgarradores de lo que llevamos de 2021.

La pandemia ha sido devastadora para la música en directo, pero también hay que reconocer que ha servido de inspiración para algunos artistas. Muchos ellos vieron sus giras canceladas y se encontraron con un tiempo libre que tenían que ocupar con algo. Y es ahora cuando estamos recogiendo los frutos de esos meses de parón que, para unos cuantos, se convirtieron en una oportunidad para crear canciones nuevas. Es el caso de Nick Cave y Warren Ellis, que apenas un par de días compusieron el que es su primer trabajo conjunto fuera del ámbito cinematográfico, y una colección de canciones absolutamente desgarradora.

Nick Cave ha descrito este trabajo como “Un disco brutal, pero hermoso, anidado en una catástrofe colectiva”. Y es que estamos ante un álbum oscuro, inquietante y sombrío. Algo que viniendo de estos dos artistas no sorprenderá a nadie. Lo que sí lo hará es el envoltorio que han dado a estas canciones. Su poso cinematográfico, en el que abundan las cuerdas y los teclados, da una nueva perspectiva a la música del australiano. Todos estos arreglos, obra de Ellis, no solo se complementan a la perfección con la interpretación tan sentida de Cave, también la enriquece. Y ese es el gran acierto de este trabajo.

Carnage’ es un disco que se podría dividir en dos partes. La que sería la cara-a, es más impulsiva y vibrante. incluso algo más directa, ya que se abre con una barbaridad sonora como “Hand of God”, en la que Cave vuelve a jugar con esa disputa entre el bien y el mal que tanto le gusta. Y lo hacen dejando que la canción vaya creciendo entre misteriosas cuerdas y angustiosos coros. Ese halo de misterio también aparece en la fronteriza “Old Time”, que bien podría pertenecer a una de esas bandas sonoras conjuntas que han hecho en el pasado. A partir de aquí, lo que entra en juego es la belleza que Cave suele impregnar a sus canciones. El tema titular resulta desgarrador y triste por esas referencias a lo mucho que echa de menos a su hijo fallecido. Y “White Elephant”, que empieza con un típico spoken-word del australiano, cambia de tercio a mitad de canción para meterse en un góspel de lo más épico. Un tema, por cierto, que está inspirado en el asesinato de George Floyd a manos de un policía.  

La segunda parte del álbum es bastante más minimalista. Prácticamente, todas sus canciones se apoyan en los teclados, las cuerdas, y en un solitario piano que aparece de vez en cuando. Quizá, es un poco menos efectista, pero también es donde aparecen los momentos más emocionantes del disco. “Alburquerque”, con su serenidad bañada en unas preciosas cuerdas, resulta estremecedora. Y ese guion que también les funciona muy bien en “Lavender Fields”, que más que tristeza, desprende esperanza. Pero es en “Shattered Ground” donde aparece lo mejor de esta segunda parte. La que es la canción de amor del disco, también es una composición visceral, en la que unos teclados sobrios hacen de contrapunto a una interpretación devastadora de Cave. Una de esas canciones que te pone los pelos como escarpias. Eso sí, para terminar, aparece el Nick Cave más clásico, y nos dejan “Balcony Man”, una bonita balada al piano que riegan con unos acogedores coros.