Contra Ediciones ha publicado un libro que debería ser lectura obligatoria en las escuelas. En las universidades. Debería ser utilizado como referencia obligatoria en cualquier debate sobre la sociedad, tanto del siglo pasado cómo de éste. Y también debería poder usarse para atizar en la cabeza a todas las luminarias que decidieron imponer el 21% de IVA a la cultura. Contra la ignorancia de quienes denostan la música, educación. Eso es Mystery Train. Imágenes de América en la música rock & roll de esa luminaria llamada Greil Marcus. Un tratado de historia, antropología, sociología, política, estudios culturales… basado en la música. Una obra, un artefacto, un «arma cargada de futuro», como diría Gabriel Celaya. La mejor defensa del rock, pilar de nuestra cultura popular, que servidor ha tenido entre manos.

Dicho esto, Mystery Train es un libro extremadamente complejo y, desgraciadamente, este hecho puede ahuyentar al lector más casual. Admitámoslo, 500 catedralicias páginas Contra no se ha contentado con publicar la obra, sino que ofrece la edición más completa jamás publicada de ella llenas de nombres, muchos de ellos referencias marginales, notas al pie de página de la cruel «historia oficial» de la música, apabullantes disecciones de discografías, junto a un análisis en profundidad del papel del rock en la cultura norteamericana, puede ser una lectura imprescindible para algunos, pero seguramente también un farragoso trago para muchos más. Por favor, no os dejéis intimidar, perseverad.

Y es que sería una auténtica lástima que la monumental empresa que Greil Marcus llevó al papel en 1975 os asuste. Su ensayo es denso, ciertamente, pero tan poliédrico e impresionante que sigue siendo plenamente vigente tras casi cuarenta años de su publicación original eso sí, convenientemente actualizada. No tengo duda que cualquier lector que se adentre en sus páginas va a encontrarse con un relato apasionante, porque esa es la palabra. Ni la habitualmente frondosa a menudo, excesiva prosa de Marcus esconde esta vez su condición de fan hablando con pasión de la música que, en definitiva, cambió su vida. Como la de sus compatriotas, como la de Norteamérica. El análisis es audaz, especialmente tristemente en este país donde la música sigue siendo considerada el «patito feo» de la cultura, y aún hoy, sorprendente.

Libro dividido en dos, en su primera parte Mystery Train traza una línea cronológica a través de las carreras de Harmonica Frank y Robert Johnson, los antepasados, y The Band, Sly and the Family Stone, Randy Newman y, finalmente Elvis Presley, los herederos, para exponer con sumo detalle la indisociable vinculación del rock a la cultura de su país. ¿Simple entretenimiento? No, forma de vida. Posteriormente, ya con la tesis planteada, Greil Marcus desgrana, hasta la extenuación, las discografías de cada uno de ellos, en una segunda parte tan complementaria de su argumento inicial como disfrutable por sí sola.

Cada canción, disco, artículo, libro, película apuntalan la idea de que esos Estados Unidos sin apenas pasado han construido su historia en base a los mitos. El mito del vagabundo que con sus canciones arrabaleras gestaba el rock mientras recorría un territorio aún por definir. El del bluesman que vendió su alma al diablo para tocar una música única. El de «la Banda» que creó la banda sonora de su comunidad, su país, mientras ansiaban el desarraigo, el sempiterno deseo de aislarse. El del combo interracial que subvertió el folklore tradicional impresionante el capítulo de Stagger Lee mientras anunciaba cambios sociales y se desintegraba por el camino. O el de la creación del artista, el self-made man auténtico e independiente «encadenado» a la última película de dibujos animados o, tras convertirse en el incontestable icono del país, ser destruido para renacer cual ave fénix y, una vez muerto, llegar a ser inmortal. ¿Abrumados? Es comprensible, pero espero que también dispuestos a dejaros entusiasmar por el reto literario-musical que Greil Marcus propone en Mystery Train.