No nos engañemos: en el subgénero del found footage -piensen en El proyecto de la Bruja de Blair (1999)- se suele tener la sensación de que “no pasa nada” hasta un clímax terrorífico. La idea de hacernos creer que estamos viendo algo real parece necesitar de tiempos muertos, como los de la vida misma. En realidad, se trata de ir preparando al espectador, muy poco a poco, para luego pillarle desprevenido. Murder Death Koreatown lleva esta idea al extremo, en lo que parece el nuevo gran intento de revitalizar un subgénero más que gastado. Para conseguirlo, la película propone una serie de elementos extra cinematográficos con el objetivo de que nos creamos que lo que vemos, ocurrió realmente. 

Primera idea inquietante: la trama parte de un asesinato real en Los Angeles y crea un falso documental a partir de ello, lo que hoy conocemos como un true crime. Segunda idea: el supuesto origen de lo que vemos es un misterioso material grabado, que ha sido compartido en foros de Internet y que ahora aparece como un largometraje que nadie firma. No hay títulos de crédito en esta película, un truco tan antiguo como Holocausto caníbal (1980). Este juego ayuda a fabricar una leyenda urbana en torno a la película, una idea de misterio -aunque sea, simplemente, porque no sabemos quién la hizo- que, si queremos, favorece las expectativas antes del visionado. 

Murder Death Koreatown está narrada en primera persona por un protagonista que nunca llegamos a conocer ni a ver, cuya voz en off escuchamos durante todo el metraje, mientras le acompañamos en su investigación del crimen, que pronto comienza a obsesionarle: es un joven en paro con mucho tiempo libre, probablemente en estado de depresión. Y esa obsesión crece en su cabeza hasta convertirse en una conspiración de personas sin techo, extraños mensajes en coreano, y sueños febriles. Un conjunto de enigmas, no sabemos si reales, que convierte a la película en un interesante found footage de terror psicológico. 

Como he dicho al principio, en esta película tenemos la sensación de que nada ocurre, y lo que es peor, los misterios planteados no se resuelven. Tras su visionado, al menos yo, me he encontrado buscando respuestas y haciendo conexiones muy locas. Murder Death Koreatown puede llegar a provocar ‘otra’ película en nuestras cabezas, lo que nos enseña que, quizás, no estamos tan lejos de su paranoico protagonista.