Sobre los hombros de Cate Blanchettdescansa Mrs. America, ficción que se inspira en hechos reales ocurridos en los años setenta en Estados Unidos, concretamente en la lucha de un grupo de mujeres para cambiar las leyes de su país, para que fueran más igualitarias. Lo interesante es que la serie elige como protagonista a la antagonista de las feministas que vemos defender sus derechos, Phyllis Schlafly, que Blanchett compone de forma magistral. Ella es al mismo tiempo una divertida caricatura de una mujer conservadora y de derechas, pero, también, una mujer de matices, humana y real. En cada episodio, este personaje principal se mantiene en el centro de gravedad del argumento, mientras el punto de vista varía repartiéndose en diversas mujeres que representan distintos aspectos de la lucha feminista, todas interpretadas por estupendas actrices.

Si Phyllis Schlafly es el centro del primer capítulo, el siguiente se ocupa de Gloria Steinem, influyente escritora encarnada por Rose ByrneShirley Chisholm (Uzo Aruba) es la siguiente, añadiendo el componente racial a las reivindicaciones y con una ambición política, la de ser la primera vicepresidenta afroamericana. Luego está Betty Friedman(Tracey Ullman), antipática e incómoda activista, algo homófoba, que se enfrenta a las dotes para el debate populista de Schlafly. Sigue una aproximación a la vida de pareja, a las frustraciones sexuales y a la exploración de otros modelos de pareja y de familia, en un episodio que enfrenta a dos matrimonios, el de Schlafly y Fred (John Slattery) contra el de Brenda Feigen-Fasteu (Ari Graynor) y Marc (Adam Brody). Jill Ruckelshaus (Elizabeth Banks) aporta la perspectiva de una mujer republicana y feminista que evidencia las concesiones -las humillaciones- que debe aguantar una mujer para abrirse camino en un mundo de hombres. Bella Abzug (Margo Martindale) muestra lo complicado que es mantener el liderazgo por las continuas disensiones en el propio seno de las activistas. 

Creo que el mejor episodio de la serie es Houston, centrado en Alice Macray (Sarah Paulson), mano derecha de Schlafly que, al verse obligada a participar en el congreso feminista celebrado en la ciudad texana del título, cambiará su forma de ver las cosas. Por último, Reagan marca el final de la miniserie, con un desenlace algo amargo, en el que la lucha de las mujeres se ve recompensada por un cambio legal, lo que no se traduce en la participación real de estas en la vida política.

Mrs. America coloca en el mismo tren a los dos bandos de mujeres que presenta. Tanto las que, lideradas por Phyllis Schlafly, se oponen a la revolución feminista, como las activistas que buscan la igualdad, todas se enfrentan a un mundo machista de oportunidades limitadas por sus maridos, jefes, o por la maternidad. Pero es que incluso la batalla anti feminista que emprende Schlafly la ‘libera’ y la ’empodera’, llevándola a perseguir, por primera vez, sus ambiciones personales, a estudiar leyes y a independizarse de un marido paternal, capaz de obligarla a hacer el amor aunque a ella no le apetezca. De igual forma, en el bando feminista, nos encontramos con prejuicios raciales y hacia otras orientaciones sexuales, además de un conservadurismo inesperado -como cuando Betty reprende a su hija por llevar una ropa demasiado sexy-. 

Serie creada por Dahvi Walter -productor y guionista de Mad Men– Mrs. America es un retrato complejo de Estados Unidos, de su sociedad y de los cambios políticos que se estaban gestando en una época convulsa pero estimulante y prometedora, cuyas expectativas no necesariamente se cumplieron como -y cuando- las soñaron sus protagonistas.