Motherfuckers!, VV.AA. (La Felguera, 2015)

¡Hora de volver a clase, muchach@s! La tercera lección de nuestro apasionante curso en estudios contraculturales —tras los fantásticos descubrimientos de King Mob y El ejército negro ya reseñados en Indienauta—, a cargo de nuestros maestros preferidos, La Felguera, está a punto de comenzar. ¿La asignatura? Up against the wall, motherfuckers! Por descontado, nunca habéis estudiado nada igual. No había facultad alguna que se encargase de las “memorias del subsuelo”. Hasta ahora.

“Una banda callejera con análisis”.

Motherfuckers! De los veranos del amor al amor armado es, como ya sucedía con el mencionado King Mob —en muchos aspectos ambos movimientos “hermanos” a uno y otro lado del charco, de hecho los propios miembros de la turba, los hermanos David y Stuart Wise, tienen un capítulo del libro rememorando su relación con los Motherfuckers— una trabajo de recopilación y edición apabullante, incluso ampliada en esta su flamante tercera edición, de un radical movimiento underground que hizo DE TODO en apenas unos años, desapareciendo cuál incandescente estrella fugaz después. Desde aplaudir el intento de asesinato de Andy Warhol a manos de la activista redactora del manifiesto SCUM Valerie Solanas, cerrar el MOMA, dinamitar la cultura capitalista —tomando el Living Theatre, promoviendo un singular intercambio de “basura por basura” en el Lincoln Center y persiguiendo al grupo de Detroit MC5— acabar con la guerra de Vietnam y apoyar la vertiente más extremista del movimiento negro. En definitiva, provocar LA REVOLUCIÓN TOTAL.

“Es espectacular lo absurdo de nuestra civilización; incluso los intentos de cambiarla solo reproducen lo que debería destruirse. La destrucción es el medio que origina su propia extinción”.

Atrincherados en el Lower East Side de Manhattan, los Motherfuckers —aunque en la entrevista final con su cabecilla Ben Morea él siempre habla de The Family para referirse a su grupo— actuaban enmascarados sembrando el terror en las calles —no hubo prácticamente violencia en sus acciones, pero la amenaza y sus abiertos planteamientos en favor de ella como autodefensa armada ante la represión policial no dejaba lugar a dudas—, pero sobre todo el caos. Uno de los aspectos más destacados del libro es la dificultad para encasillarlos ideológica y políticamente. Dadaísmo y situacionismo superados por el ala más activista, dejando en un claro segundo plano los elementos estéticos. Crítica al “buenrollismo” y la pasividad hippie. Oposición a Timothy Leary y a los Beatniks por convertirse en “estrellas” de la contracultura, asumibles por el establishment. Rechazo del izquierdismo de biblioteca y salón y lo que consideraban tibiezas bienintencionadas. Anarquía pura y dura con una enorme conciencia social, bastante psicodelia y el convencimiento de que no se trataba de reformar nada… sino de tirarlo todo abajo y empezar de nuevo.

“LA REVOLUCIÓN EMPIEZA CUANDO LA GENTE TOMA EL CONTROL DE SUS PROPIAS VIDAS”.

Motherfuckers! está plagado de este tipo de lapidarias sentencias —en mayúsculas, para que se note su fuerza y claridad— desparramadas en el más de un centenar de páginas dedicadas a mostrarnos los panfletos y manifiestos Motherfuckers y otras tantas en desmenuzarnos los diez Black Masks, digamos la revista de estos forajidos urbanos, que vieron la luz entre noviembre de 1966 y mayo de 1968 y que no tienen desperdicio. La revolución, analizada desde todos los puntos de vista —cultural, social, económico, sexual…—, pero siempre con el mismo axioma de la llamada inmediata a la acción, junto a un conglomerado de aportaciones que actúan como un fresco de esa convulsa época y el mejor ejemplo de que los Motherfuckers contemplaban su actividad en consonancia con otras muchas, en especial, las vinculadas al movimiento negro. La Comunidad Revolucionaria.

“La pantera no ataca al león pero juntos matan a la hiena”.

El movimiento fue efímero y se evaporó de forma vertiginosa —probablemente debido a que era una postura demasiado complicada y solitaria de mantener, y probablemente también a que “la Era de Acuario no dejaba ver el bosque”—. Aunque sería un error no reconocer su influencia en movimientos posteriores, especialmente los Weather Underground —en Indienauta ya nos ocupamos de ellos al reseñar Días de fuga— los Yippies y el SDS (Students for a Democratic Society). Pero en mi opinión, eso no es lo más interesante de esta obra. A uno, politólogo de formación y decepcionado espectador de años y años de absurdo político, actualmente en un momento sin parangón de bochorno constante, lo que le parece más fascinante es la tremenda valentía —cuando no locura— y ambición de este reducido grupo de revolucionarios que, tras una fachada de excentricidad y admonición violenta, estaban retratando a una sociedad al servicio de unos pocos, vendida y postrada a los pies de una maquinaria despiadada presta a machacar al proletariado, ya fuera con la represión, como con el vacío y aborregante sueño burgués. Justo igual que hoy.

“Tenemos que destruir Amérika porque no tiene nada que ofrecernos excepto la muerte”.

Sustituid Amérika por el país de vuestra elección y probablemente hayáis identificado el problema… y su solución. Esperamos con ansia el siguiente capítulo de esta apasionante “historia alternativa” que nos propone La Felguera.