7.7
Score

Final Verdict

Molly Burch ha hecho bien en cambiar de rumbo y dejar de lado su faceta más sobria para convertirse en toda una reina de la pista de baile. Ahora sus canciones brillan más que nunca, y lo que es mejor, su propuesta resulta mucho más entretenida.

En la industria musical no hay nada como un cambio a tiempo para levantar una carrera. Una lección que Molly Burch ha puesto en práctica en su nuevo trabajo. La artista tejana se presentó hace unos años como una compositora y cantante con un sonido retro influenciado por la música de los cincuenta y sesenta, y durante un tiempo, su fórmula funcionó bien. Pero ahora, tras dos álbumes propios, y otro navideño, ha decidido dar un giro radical a su carrera. La de Austin ha cambiado la sobriedad por las bolas de espejo y los sonidos disco, y los buenos resultados se pueden apreciar en gran parte del álbum.

Para esta nueva faceta de su carrera ha decidido llamar Alaina Moore y Patrick Riley, el matrimonio que se esconde bajo el nombre de Tennis. El dúo de Baltimore ha impregnado de su sonido una gran parte de las canciones de este ‘Romantic Images’, y hay que reconocer que es algo que le viene muy bien a la voz elegante y reposada de Burch. Ahí tenemos ejemplos como “Heart of Gold” y “Took a Minute”, que la meten de lleno en terrenos más propios del soft-disco. Incluso se atreve a lanzarse a la pista de baile sin ningún remordimiento en esa “Emotion” que ha hecho junto a Wild Nothing.

El cambio no solo se aprecia en los cortes más animados. Molly Burch tenía muy claro desde el principio que quería que el disco tuviese un marcado carácter femenino. De hecho, gran parte de las personas que han trabajado en él son mujeres. Pero es algo de lo que también quería dejar constancia en sus influencias. De ahí que en “Control” se adentre en terrenos propios de la mismísima Kate Bush -ese estribillo un tanto intenso la delata-. O que nos deje varias baladas elegantes al piano y cercanas a Carole King, como es el caso de “New Beginning” y “Back in Time”. Aunque eso sí, también sabe cuándo desmelenarse y, de paso, cambiar de década. Es lo que hace en “Games”, todo un pelotazo pop en la que se va directa a los ochenta.